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martes, 2 de diciembre de 2008

¿Cómo va el inglés?





Teniendo en cuenta que sólo llevo veinte días en una megalópolis en un país extranjero y que he acabado viviendo en una casa con cinco españoles y dos catalanes; regular, va regular. Además se junta mi completa inutilidad e inocua disposición para el aprendizaje idiomático. Mi learning ingles consiste más en una operación alquímica que en lo que debería ser una recolección expresiva de los frutos de un lenguaje extraño. No soy un recolector de lenguas.

Además se añade, a mi famélicas aptitudes, el hecho de que cada vez que intento hablar, escribir o comprender lo que leo he de detenerme a reflexionar, a ejercitar la memoria, a recurrir al diccionario o solicitar ayuda a alguien que tenga cerca, constantemente.

Es fastidioso, engorroso y un puto coñazo y como la poderosa influencia de las necesidades vitales es inoperativa por ahora, pues ya me veis, como todo buen hijo de vecino me voy a gastar una pasta en academias para generar un simulacro de esas necesidades vitales y por supuesto para plantarme una obligación en las narices.

Se podría pensar que sería más económico o lógico lanzarse a la calle a aprender. Puede ser, pero bueno, hay que estar también como apunte más arriba, en una megalópolis, en un país extranjero; y saber de lo que se habla.

Pero por otro lado, al ser una megalópolis, siempre te toparás con personas que hablen tu idioma y faciliten las cosas. No sé, a lo mejor hay que ir planteándose lo de largarse a un pueblecito rural en Escocia, con un nombre tipo Woodcourt (inexistente). Ahí, seguro, no tendría más güevos que aprender el inglés para cubrir las necesidades vitales. Aunque, llegando al fondo de la cuestión, tampoco… porque el comer, el dormir, el follar y el cagar (las necesidades vitales más fundamentales) siempre se pueden cubrir con gestos; y si la cosa no tercia, con gestos, ruidos, impaciencia e incluso dibujos en plan pictionary.

Lo del pictionary tiene su gracia: habría que ver a alguien en un bar a la hora del chape, con una cara de salido machacante, canción de fondo de Nancy Sinatra, intentando tirarse a la camarera garabateando rudimentarios dibujitos porno para camelársela. Como es evidente, no me he colocado como protagonista de esta historia.

Así que mejor pago la academia; sino ya me veo un año comunicándome con señas con los lugareños de ese encantador pueblecito de Escocia, WoodCourt, y que a los meses las autoridades sanitarias locales me internasen en un centro para disminuidos psíquicos diagnosticado con oligofrenia tardía (o quizás por una psicosis neurótica de exhibicionismo gráfico contra las camareras).

No creo que de todas formas se me diera bien ser un “pintor de lenguas”. Si no soy ni pintor, ni recolector de lenguas…

¿qué diablos soy?

No sé, pero cuando intento hablar en inglés me siento como ese incomprendido personaje de Axterix y Obelix, el juglar, aquel que cuando tocaba el arpa todos se horrorizaban. Por lo menos, por ahora, nadie me quiere callar a mamporros… pero todo se andará.

Ah, el nombre del juglar es: Asserancetourix (Internet no es más que un gran parche de memoria, por los cojones me iba yo a acordar del nombre del tipo este)

Pd: Dos cosas que he percibido en mis vida cotidiana: los ingleses no son muy amantes del congelado como tampoco de bolsos masculinos. Estas dos características nada tienen en común, aparentemente –aunque esa reflexión sería ya demasiado inverosímil-.

Aviso para navegantes. Si alguien quiere hacer negocio que exporte bolsos al Reino Unido. Al principio perderá dinero, pero se hará de oro si puede esperar. Sin duda. El bolso masculino es la conquista más poderosa del machismo (entendiéndolo como feminismo) del siglo XX


Aviso para navegantes II: por ser el primer dia no he querido agobiar pero mañana se insertará una entrada larga, larga, largísima titulada "Callan o no Callan, eh ahí la cuestión" redundando en esto del aprendizaje idiomático. Para los valientes: receto un bote de ibuproceno.