Cuando llegué a las tantas de la mañana de mi periplo postaeropuerto, el periplo consiste en buses y pateos y la contemplación de tres peleas, una de ellas con furgones de policía incluidos, que llegó un momento que pensé... esto es el Bronx.
A pesar de ello la seguridad nocturna de Londres es inaudita (para una ciudad de 10 millones de habitantes).
La cosa es que cuando llegué había lentejas en remojo, ese sabio paso previo, absolutamente necesario, para que unas lentejas puedan salir al menos decentes.
Hoy me levanto y están hechas. Y no veas como huelen, incluso frias. Es acercar la naiz y que te cambie el sentimiento.
No son mias, sino de las vecinas.
Todavía están ahí, un amigo de ellas cocinero se las ha hecho.
Yo me fio mucho de los cocineros.
Es toda una tentación no ponerme un plato ahora mismo.
Pero es indudable que mañana les pediré uno.
Eso fijo.
(al dia siguiente las comi y me supieron a teta)
Al dia siguiente del dia siguiente Mariano compitio haciendo las suyas.
Sabian...
a...
TETA.
