
Ese punto verde es dónde está localizada mi inteligencia. ¿Poca cosa no?
Bueno, hoy realicé la segunda parte del experimento. Estoy entero, por suerte. Es decir, no se quedó ningún fragmento de mi cuerpo en el laboratorio, a pesar de la extremada peligrosidad del asunto.
Por lo pronto la científica se había cambiado el color de la uñas. De negro a blanco. Eso me inquietó sobremanera. No por el cambio en sí… que visto la simbología colorística occidental sería una buena noticia, sino porque me advirtiera con resolución: “no son blancas”. Hombre, sé que los esquimales distinguen entre unos 30 tipos de blancos y asumo que soy varón y el sexo opuesto suele achacarnos que no salimos de los tres colores básicos (yo me vanaglorio de conocer el Kamel, pero vamos, porque fui asiduo fumador de la cajetilla del camello), pero cuando uno ve unas uñas blancas y la poseedora de las mismas niega la mayor, chungo. Ahí hay gato encerrado (o peor aún, yo encerrado, estoy en un laboratorio recordad).
El sudor frío empezó a recorrer el espinazo. Ya no podía dejar de pensar: uñas blancas que no son blancas, uñas blancas que no son blancas, uñas blancas que no son blancas. ¿Y si cuando me introduzco en la habitación del experimento -dos metros cuadrados, acolchado insonorizante, ordenador y poco más- en realidad esté penetrando en una zona en la que mi conciencia se aletarga, caigo en un profundo sueño y lo que está ocurriendo de verdad es que varios alienígenas experimentan con todos y cada uno de mis órganos introduciéndome todo tipo de líquidos viscosos y vete tú a saber pa qué?
Evidentemente deseché tal posibilidad al instante, un pellizco bien fuerte cuando la predoctora se distrajo (todavía no lo es, las cobayas contribuiremos a ello claro) certificó que allí estaba yo en la habitación acolchada y maldiciendo mi imaginación cinematográfica serie b.
Esta segunda parte del experimento era excesivamente familiar, vamos, digamos que era igual que la segunda parte de la otra parte. Ya sé que esto es un lio y parece excesivamente hermético, pero recordar, setenta páginas firmadas de contrato de confidencialidad acojonan a uno lo suficiente como para ponerse una cremallera en la boca y amputarse los dedos.
Pero yo que soy un truhan conseguí consensuar con la predoctora y toda su couplé de abogados de Harvard, Oxford y Ubrique una serie de ítems que podía desvelar, fuera parte un importante soborno: una piruleta de regaliz y un sello postal con un pirata sonriendo. Evidentemente el soborno no fue ese, pero también pertenece al ámbito del secreto. No me preguntéis por qué.
Así que el experimento consiste en: puntos pa arriba, puntos pa abajo, puntos que no se mueven pero te quieren hacer creer que se mueven, no se lo creen ni ellos claro, otra vez lo puntos, pa arriba, pa abajo… teclea, teclea, teclea, descansa. Más puntos. Gráficas, umbral perceptivo entre 5-8, eres normalito tío. Eso duele. Uno siempre quiere ser anormalito tirando pa arriba (pero visto la minúscula lenteja verde que es mi inteligencia, ya no me extraño de nada). Luego lo mismo pero con palabras, palabras y puntos claro, palabras y puntos, palabras y puntos, teclea, teclea. Piii, te has equivocado. Zosqui en toda la colleja. Ah, pica!!! Replico. Entran un par de enormes orangutanes (es decir tipos con sobredosis de testosterona y esteroides) los cuales sacan fustas de cuero entrelazadas con eslabones de aluminio punzante. “La próxima dolerá más baby, y disfrutaremos” leo en sus ojos y en la mueca entornada de sus labios. Es una exageración claro. Pero es la forma que tengo de motivarme en ese momento para decirme: estate más atento Álvaro cojones, que al final de tanto fallar ni te van a pagar. Seguimos. Palabras y puntos, palabras y puntos, sudor en frente, ritmo cardíaco acelerándose, ácido láctico en porcentajes elevado en sangre, estás exhausto, es un tourmalet, un record de la hora, una escalada al k-2, teclea, teclea, teclea, teclea. Fin.
Jo, qué me encantaría desvelar el secreto, pero no sólo es que atente contra mi palabra dada… que ya sería delito por mi parte… es que tengo todavía muchos proyectos por cumplir. Quiero vivir, entendedme.
Acabado el experimento y la explicación pertinente de por qué habían necesitado no sólo de mi cuerpo, presencia y cerebro sino de lo más difícil: mi concentración, salí de allí con un buen fajo de billetes en los bolsillos.
Rico por un día.
Por fin podría comprarme mi tan anhelado sándwich que se eleva en el medio de la estantería, bajo tres focos de tunsgteno que lo hacen destacar entre todos los sándwich del lugar: beicon, chorizo, tortilla, pollo, lechuga, tomate y pimienta… ummm, tiene hasta nombre “Imperial Royal chicken and bacon” un superbocata para bolsillos acaudalados como era entonces el mío.
Pero la duda me asaltó… ¿y si son en verdad alienígenas? La duda pasa con la velocidad del rayo a la certeza. Tanto que yo empecé a ver en verde.

Corrí, corrí, corrí aterrorizado hasta aterrizar moribundo en el hospital más cercano… el “University College Hospital” en Gower Street para más señas… y con ese lenguaje universal que son las acrobacias gestuales (ya sé que con “señas” me hubiera ahorrado verborrea, pero es que lo utilizo antes, y queda feo, muy feo) más un puñado de sofocados y desesperantes: “help me”, “help me”, “help me”, “please”, “please”, ¡QUE ME MUERO COÑO! conseguí que me metieran tubos, hicieran escáners, inyectaran remedios, proyectaran radiografías, tags, tigs, y hasta togs, para cerciorarse de que no me hubieran metido tubos, hicieran escáner, inyectado, etc… ningún alienígena que se pinta las uñas de blanco para decir que no lo son.
Luego una amable mujer de mediana edad, con un inglés tan exquisito que hasta yo lo entendí, me ofreció una pluralidad de formas de pago de las costas del tratamiento antigilipolleano que me habían aplicado.
Me gasté todo el dinero ganado con el experimento y ya me he apuntado a otros siete para poder hacer frente a la deuda.
Lo peor de todo es que me quede sin el “Imperial Royal chicken and bacon”. Pero algún día… lo conseguiré.
¿Quizás vendiendo algún órgano?
(El cerebro, visto lo visto, no)


