miércoles, 22 de mayo de 2013

Cambiar el carnet de conducir en Londres.



Conducir es ser, la publicidad se ha encargado de ello. Si no conduces "no eres". Y teniendo en cuenta que considero una absoluta ridiculez el coche y que si fuera el dictador del Universo promovería un transporte público eficaz que iría desde el uso de los medios convencionales de transporte a qué se yo, un sistema de préstamo de vehículo según las necesidades, es cierto que tener el carnet es un bien si no imprescindible, al menos necesario en este mundo ridículo que nos ha tocado vivir.

Esto que digo de los coches no es capricho, no es como cuando ves un cuadro en un museo que no te gusta y dices vaya birria, o tú colega te da un codazo y te dice mira la de ahí de la esquina, la guapa, la que bebe el cubata con una pajita y tu pa tus adentros dices, joder que fea la ostia!!! No, porque gustos hay colores y esto que digo de que los coches mejor prohibirlos no es una cuestión baladí. La tierra y sus recursos nos están gritando "coches fuera coño" y nosotros respondemos aumentando la cadencia de producción. Así es de listo somos los que estamos en la cúspide de la pirámide de los monos. 

Pues a to esto resulta que en Reino Unido no puedes conducir más de doce meses con el carnet español. Qué mecanismos tienen para pillarte si lo infringes no me preguntéis que ni idea, conozco a uno que alquila un coche a cada poco con el español y lleva aquí como cinco años, así que no deben ser muy efectivos cazándote con las manos en la masa. Yo, en cambio, por fin he decidido cambiarlo por el de la patria en la que me estoy buscando las castañas. Tras una consulta breve por internet y observar que todo era una telaraña de indicaciones contradictorias, decidí escribir este post para ofrecer una información contrastada basada en mi singular experiencia y de paso meterme un poco con la industria automovilística, misión que acabo de cumplir. 

Si os preguntáis que ventajas o inconvenientes tiene cambiar el carnet al británico, utilizad el sentido común y contestarse ustedes mismos (basándose mayormente en la predicción de vuestra estancia)

A) Renovar/cambiar el carnet de conducir a través del post office. 

Te vas a este link, sigues los pasos que hasta un mono que está en el fondo de la pirámide de los monos podría rellenar sin problemas, y al final le clickeas para que te manden los formularios. Tarda unos tres/cuatro días laborales. 

Cuando te llega la carta la abres. Encontrarás un formulario verde y un folleto explicativo. Puedes leerte el folleto. Te lo recomiendo. Hazlo. 

Rellenas el formulario, ya sabes, dirección, nombre, juras que no asesinaste a Kennedy y prometes que no tienes ninguna enfermedad tipo diabetes, tensión alta y todas esas cosas que podrían afectar a tus habilidades como conductor además de asegurar que eres capaz de distinguir una matrícula a veinte metros -si no, vete al oculista- terminas, repasas y estampas tu firma. No es necesario examen médico. Si eres diabético y estás leyendo esto, lo siento, no sé que ocurre cuando marcas que padeces alguna de esas enfermedades ni que ulteriores pasos hay que seguir. 

Reúnes la documentación (tu carnet de conducir español más el pasaporte o el DNI) y la foto. Intenta no salir muy feo en la foto, que luego le invitas a unas copas a la que estaba bebiendo un cubata con pajita y le enseñas el carnet y tu careto feo y se ríe de ti y es ella entonces la que piensa "joder que feo la ostia"!!! y esa noche no ziscas. Tardan en traerte el nuevo con una foto bonita o foto fea, da igual, tres semanas 

En el folleto y en el formulario te indican dónde tienes que mandar la carta, es mejor que la franquees por correo, pero allá tú, eres libre, pero recuerda, tienes que enviar tu PASAPORTE o DNI. 

Dos consideraciones

Sí, se puede cambiar el carnet a pesar de que el tuyo español esté caducado. 

Y sí, no lo pienses más, no sigas repitiéndote lo ridículo que es, si si y sí, tienes que enviar tu pasaporte o DNI por correo. 

B) Renovar/cambiar el carnet de conducir en persona. 

Te vas a Wimbledon, evita que sea en la fecha del tenis, que aquello se pone muy concurrido. Para ser más preciso te tiras para aquí. 

Connect House
133 to 137 Alexandra Road Wimbledon SW19 7JY

Abierto de nueve a cinco, más o menos. Está un paso de la estación, ojo que el google maps de los cojones miente como un bellaco y te manda más lejos. Na más salir tomas mano derecha, tuerces a la derecha en la primera calle por la que pasen coches y zás, ahí lo tienes, un edificio cuadradete de ladrillos rojos. Dos minutos doce segundos tardas en toparte con él. 

Subes a la segunda planta y entras en una sala igualita a la que sale ahí en la foto. De hecho es la misma sala. Pero antes de entrar coge número en el cacharro que está justo antes de cruzar la puerta. Agarras el formulario verde que encuentras por doquier, hay bolis disponibles pero mejor llévate el tuyo, qué es un hombre sin su bolígrafo. Rellénalo. Si tienes alguna duda hay un empleado/a por ahí dando vueltas para depurarlas, ojo que no lleva un gorro rosa ni un chaleco florescente, es algo difícil de identificar, pero está por ahí, con una carpeta, normalmente de pie, hablando con otros solicitantes, no es un mito, yo hablé con ella. 

Cuando te toca el número, vas a la ventanilla, el empleado verifica que no hayas metido la pata cumplimentando el formulario y te pide el carnet antiguo, la foto y la identificación. Cagada, ¿a que te has olvidado? 

Te lo repito again: FOTO + CARNET DE CONDUCIR ESPAÑOL + IDENTIFICACIÓN (pasaporte o Dni) igualito que en la forma por correo. 

Como te lo he repetido tantas veces que no se te ha olvidado, se los entregas y el tipo te manda pasar a otra ventanilla. La ventanilla donde pagas. 

En esa segunda ventanilla le das al segundo tipo la tasa que son cincuenta libras; en metálico o con tarjeta. Ojo, que si lees esto muy alejado en el tiempo a la fecha en la que se publicó, da por hecho que será más caro. 

Y aquí viene el momento por el cuál yo me decidí a ir en persona en vez de tramitarlo por correos. 

Por cuatro libras más, si tu Pasaporte es digital, te comprueban la identidad allí mismo y no tienes por qué dejar tu pobre pasaporte en sus manos. No tengo ni idea si sirve lo mismo con el DNI, no lo pregunté, pero me da la espina que no, cualquiera que haya cruzado la frontera usando el DNI se habrá hecho ya una idea de lo poco que les gusta a los británicos este tipo de identificación, demasiado europea. 

Después de una media hora, minutos arriba o minutos arriba, das las gracias y te las piras, tú y tu bolígrafo. 

Cuando sales a la calle que te lleva de vuelta al metro, sigue un poco más a la derecha hasta el pub "The Alexandra", merece tomarse allí una cerveza y a empezar la espera, a buscar a un tipa en un esquina bebiendo un cubata con una pajita.

No le enseñes ningún carnet, estás mas feo en todos ellos.

Y defiende siempre el transporte público.

lunes, 20 de mayo de 2013

Cuidado con el hueco


Hace no mucho tuve una de esas epifanías que espolean a tu conocimiento vital para que avance, una lección de humildad en toda regla. Fue al bajar de un metro y casi una desgracia me hizo consciente de lo estúpido que había sido durante los últimos cuatro años y medio riéndome de los ingleses y su insufrible tendencia a ponerse la tirita antes de la herida...

Ultimo artículo en Guadaíra Información, donde vengo a utilizar el tan famoso slogan "mind the gap" para de paso decirles a los políticos de mi pueblo que se pongan las pilas ya de una puta vez (extensible a todos los políticos). Si quieres leerlo, pincha aquí

miércoles, 8 de mayo de 2013

Comida española en Londres: Camino



A veces uno no puede regatear las coincidencias que la vida le lanza a la cara. Yo estuve a punto, pero al final acepté la invitación de ir a conocer “Camino” y escuchar de primera mano, de la mano de su dueño, un inglés enamorado de la península, su apuesta por que los estirados de nariz respingona hijo de las islas sepan que más allá del tópico del sol y playa, en la piel de toro se esconden muchos otros tesoros, algunos tan chispeantes como el cava.

Pero vayamos por partes.

Si mi Casio amarillo tuviera el poder de hacer retroceder el tiempo y, semana arriba, semana abajo, nos fuéramos cuatro años y seis meses atrás, veríamos a un par de alcalareños recién aterrizados compartiendo habitación en un hostal de King Cross. Ya os podéis imaginar: ansiedad, un inglés que cualquier loro de abuelita inglesa de té a las cinco podría superar y un hambre insaciable por comerse la ciudad palmo a palmo. Esos éramos nosotros mientras explorábamos Londres y sus rincones, buscando piso, trabajo, amigos, una nueva vida en definitiva. Y en una de esas incursiones por territorio desconocido nos topamos con un oasis familiar. “La Cruz del Rey”, un gigante bar/cafetería/restaurante del que casi salimos huyendo, no porque el lugar en cuestión fuera espantoso sino por el hecho de que representaba aquello de lo que habíamos salido corriendo: España.

Luego de alguna vez que otra Mariano y yo, esos dos alcalareños, recordábamos con cierta nostalgia, sobretodo cuando estábamos por los alrededores que “La cruz del Rey” fue uno de los primeros bares donde caímos por Londres y que vaya tino tuvimos.

Con el tiempo, cuando resulta que al final te ha reinventado a ti mismo en un país extranjero, y que ya hablas un poco mejor que el loro de la abuela del te a las cinco, sólo un poco mejor, y ya estás echo al Earl Grey y que incluso le encuentras su salero al marmite, ya no sales huyendo de esos oasis con los que te topas, sino que lo buscas de tanto en tanto, aunque sea por recuperar por una noche un poco del sabor de la tierra.

Porque España, con sus contradicciones, sus problemas, sus guerras fatricidas interminables, es un país acojonante. Y Richard, Ricardo, lo sabe.

Ricardo, que no os lo he presentado, es el tipo que nos atiborró una noche a un puñado de bloggers españoles afincados en Londres a gambas al ajillo, croquetas, jamón de guijuelo, arroz negro, chorizo con pimientos del piquillo y otros tanto que ya ni recuerdo porque a todo esto el tipo no hacía otra cosa que descorchar vinos; en aquel mismo bar que años atrás Mariano y yo habíamos huido.

Fueron casi cuatro horas, a la española, ya me entendéis, comiendo, bebiendo, riendo, hablando, y comiendo y riendo y hablando, y bebiendo y bebiendo... y bebiendo.

Y en eso que Richard nos presentó su nuevo reto, convencer a sus compatriotas y ya de paso al que se deje caer que el Cava se llama Cava porque no se puede llamar Champagne, pero que al final es un vino con burbujas tan bueno como su vecino francés. El garito se llamará “San Pablo” y cómo no estará en los alrededores de “St. Paul´s” y lo abre de ya a poco.

Las gambas no son las de Huelva, las croquetas no son iguales a las que hace tu madre, pero consigue que te sientas en casa, así que si un día te pierde la nostalgia, o quieres impresionar a tu novia de Taiwán, o deleitar a los amiguetes polacos del curro, y que prueben un trocito del alma de tu tierra llévales a alguno de los lugares que “Camino” ha plantado en Londres.

Es una apuesta tan segura como la que Ricardo hizo algunos años atrás, cuando conduciendo un mini por la península se le ocurrió la idea de introducir la gastronomía española en Inglaterra.

lunes, 6 de mayo de 2013

Camino de Liverpool Street Station.



En esa foto a alguno lo conozco desde hace veinticinco años, amigos de cuando las canicas y con ellos fui descubriendo que esto de la vida. Al Juan, al primero de la foto, le faltó perderse en una tienda de discos. Al David, escondido tras la cabeza del Juan, le faltó salir en la foto, al Negro confundido creyó que estaba en el lejano oriente, al Nacho le faltó un poco de turismo del bueno, a la Ángela una velada en un gastropub, a mi primo un partido de fútbol en Stamford Brigde, al Piña, ese al que abrazo, dormir en un hotel menos siniestro.

Fue muy poco tiempo pero creo que se lo pasaron bien.

Son mis amigos, de cuando las canicas, y a mi lo que me faltan son ellos.

Granujas, gracias por venir.

It was a very good taste of Alcalá.

Hay que repetirlo, pero yo no me caso de nuevo.

Ahí los tenéis, diciendo que piensan de Londres en el camino a Liverpool Street Station





miércoles, 24 de abril de 2013

Running



Hace poco he retomado de nuevo la actividad que más veces he abandonado en mi vida. Desde los veintipocos, cuando dejé de darles patadas a un balón, decisión que el mundo balompédico debió vitorear, hasta el día de hoy una media de dos veces al año he empezado, he hecho un planing, establecido una progresión y prometido a mi mismo que esta iba a ser la definitiva. Pasa un mes o dos y me rindo inevitablemente. Mi actividad se circunscribe al sofá, el esfuerzo físico se limita a ir a recoger las palomitas del microondas y así hasta que la curva de la felicidad no me permite atarme bien los cordones, entonces saltan las alarmar y me entra de nuevo el avenate.
Hace poco he descolgado las botas, las de correr, las que me costaron una pasta...
Si te interesa saber más de por qué pienso que eso de correr es una estratagema del capital para qu nos gastemos los ahorros, pincha aquí. 

martes, 9 de abril de 2013

En defensa del humor.





Hace poco colgué en mi facebook un artículo del director de Guadaíra Información, Alberto Mallado. No había ánimo de hacerle la pelota, al menos no de manera consciente, me movió una urgencia por mostrar un arrepentimiento que me viene acechando desde hace tiempo y que sus  minuciosas palabras venían a glosar.
Ese arrepentimiento no es otro que el no haber sabido experimentar la Semana Santa, alcalareña y sevillana, en todo su esplendor cuando venía casi a exhibirse en mis narices. De mozalbete si que fui más de una vez al Calvario, aunque era más que nada una excusa para quedarme hasta tarde por ahí de danza. El Cautivo fue por algunos años solamente aquel evento coñazo que me impedía volver rápido a casa tras una tarde jugando al fútbol. Así era de paleto, de ignorante...
Así empieza el articulito colgado en Guadaíra Información, donde intento que el "humor" no salga malherido entre las dentelladas de Manu Sánchez a Florentino Fernández. Si quieres seguir leyendo, pincha aquí.

lunes, 1 de abril de 2013

Una noche de caza



Oí el rasgado sonido de la cremallera de la tienda abrirse. Con un ojo medio abierto rezaba porque la luz cegadora de la linterna no me alumbrara. Pero lo hizo, y el susurro, y los empujones ya alcanzaron a despertarme. Mire la hora y no se habían equivocado. Sí. Era mi turno.
Una noche cerrada sin luna, el compañero me esperaba frotándose los ojos junto al fuego. Me pasaron la linterna y un paquete medio vacío de galletas príncipe De Beckelar y arrastré mis botas hacia las llamas para evitar que el calor se escapara de mi cuerpo.
De cuando uno se lo pasaba de miedo construyendo chozas, bañándose en los ríos, aprendiendo nudos y no teniéndose que duchar por una semana... vida Scout!!! Si quieres leerlo completo, pincha aquí.

martes, 26 de marzo de 2013

Un par de reflexiones por un cartel en el metro.



En la estación de Einllel (Angel) el otro día me topé con este cartel justo a la entrada, unos metros antes de tomar las escaleras mecánicas que te conducen al submundo de oscuros túneles que serpentean la geografía londinense.

"Googlea antes de twitear" es el nuevo "Piensa antes de hablar"

Reflexionar sobre lo que se va a decir, mesurar los pros y contras del juicio que se va a emitir, calibrar las consecuencias de lo que se quiere proferir, dotar de una exactitud quirúrgica al mensaje que quieres trasmitir, en definitiva pensar antes de hablar es uno de esos sabios consejos que recibimos desde casi que llevamos pañales. Y que su aprendizaje sea precoz no es óbice para que su ejecución lo sea. Desafortunadamente la mayor de la veces hablamos sin pensar.

Aunque en Twitter muchas veces he comprobado el ingenio superlativo que algunos tienen para insultar a otros y lo divertido de leer ese derroche de talento, lo que más me llama la atención es el grado de verdad que le concedemos a ciertas afirmaciones, ora inexactas, ora demagógicas, ora directamente mentiras alevosas, simplemente por el hecho de ser lanzadas por un famoso o pseudo especialista el determinada materia. Así que googlea antes de twittear obedece aun doble sentido, que sería sano que antes de condensar una opinión o peor aún, una información, en ciento cuarenta caracteres no estaría de más que comprobases, al menos algo, lo que vas a decir y que a la postre no estaría de más tampoco que tras leer ciento cuarenta caracteres ajenos no te los creyeras automáticamente a pies juntillas.

Pero lo que más me llamó la atención del cartel no produjo esta idiota reflexión, sino que va a producir esta otra.

Que importante es hacer que tu trabajo te importe, te guste y que cada día intentes marcar la diferencia. Imagínate a Llon Raunteibol (John Roundtable), con un poco de sobrepeso, pelirrojo y casado con una jamaicana, apuesto a que tiene tres hijos, y resulta que John viene cinco días a la semana a aguantar a londinenses inyectados con la prisa de la ciudad a que se le quejen de no sé, un mal funcionamiento de la oyster por ejemplo; ahí amparado detrás de su cristal sus ocho horitas diarias, con un problema de cervicales y esa reclamación nunca atendida para que le provean con un sillón ergonómico que le ayude a dormir a gusto por la noche sin la necesidad de que su esposa jamaicana le traiga un par de paracetamoles a la cama. Pues John en vez de arruinar su espíritu en la insoportable rutina que todo trabajo se convierte al final, se come el coco desde el desayuno hasta que lo alumbra: "el pensamiento del día". Y sale de su urna de cristal y deja de atender a los vampiros urbanitas ahorra segundos, y armado con un rotulador pone en la pizarra la ocurrencia que haya tenido ese día, compartiéndola.

Gracias Llon Raunteibol (John Roundtable) eres uno de mis jiros (heroes)

martes, 5 de marzo de 2013

Australia




Hace poco la vida me llevó a Australia. Ese país en el que cabe Europa entera y en el que según un libro que leí justo antes de ir, puedes morir de 1001 formas distintas, pudiéndote convertir en la merienda de un cocodrilo, en divertimento de un tiburón tigre o ser simplemente mordido por una redback, una araña con el culo rojo, que si te pica y no hay un hospital muy cerca, pero que muy cerca, casi en la esquina, como que te mueres. Y todavía me quedarían otras 998 formas de morir que relatar.
Se llega tras unas treinta horas de avión, con los pies hinchados y zampándote once horas de tu vida, que cuando vuelvas si acaso recobrarás.
¿Y que tiene Australia que no tenga Alcalá?
Si quieres ya puedes leer en Guadaíra Información un par de apuntes y reflexiones sobre ese gran peazo cacho tierra flotando en los océanos australes. Pincha aquí si te da la gana. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Un cuento de terror.




Cuando era un renacuajo quería ser juez, no sé de donde sacaría aquello y supongo que cuando me di cuenta que lo de ser juez no era tan épico como lo del Rey Salomón pues se me quitó la tontería. Luego me decidí por ser director de cine. Así tal y como suena. Ganar un Oscar y toda la película, nunca mejor dicho. Y esa veleidad también se escapó por la ventana, por la ventana de un aula, donde conocí a Paco.

Andaba yo pululando por los pasillos del Cristobal de Monroy, mi instituto, en la era B.U.P. Tenía los pelos largos, pantalones rotos, camisetas de grupos grunge y contaba con dieciséis años. Mi primera novia, mi primeras cervezas, mi primer todo, qué os voy a contar. Estaba en tercero, un tiempo donde se podía fumar en los pasillos, cosa que ahora se me antoja como algo del pleistoceno y allí que entró aquel tipo jovial, con bigote, abriendo la puerta de par en par. Era el profe de una asignatura que ya por su mismo nombre infundía terror o tedio. Filosofía.

¿Qué demonios era eso de la filosofía?...

Ahora toca hablar en Guadaíra Información acerca de porqué me huele a pescao podrido eso de rebanar la filosofía y las humanidades en general de los planes de estudio. Si quieres seguir oliéndolo ... pincha aquí