jueves 1 de marzo de 2012

La edad de cristo.



Por ahora unas ochenta y seis felicitaciones en facebook a las que he contestado puntualmente una a una, nueve emails, una tarjeta de proveniente de Australia, ocho whatsapp, once llamadas, un poco de cash, una muela menos, una carta que vino volando desde Katowice, un carrom, un whisky Jameson de los del trabajo y alguna que otra felicitación face to face.

He seguido unas pocas tradiciones. Me han tirado de las orejas, he repartido caramelos en el colegio (bueno, en las clases de español que estoy dando y en el curro que eso si que es como el colegio) y por supuesto he tenido fresas; que es desde chiquitito la forma que tenía mi madre de celebrar la llegada de mi cumpleaños. Y es la que más ininterrumpidamente se mantiene.

En definitiva está siendo un buen cumpleaños.

En cada efeméride le doy un poco al coco, no más de quince minutos, que se de sobra que darle al coco mucho es contraproducente. Utilizo catorce de esos quince en repasar someramente el año, y ver si las cosas que me dije 365 (66 en este caso) días atrás más o menos se han cumplido. Me quise tomar la vida con más calma y dejar un poco de lado la nocturnidad y la alevosía y es algo que he conseguido con creces y me propuse también tomar un rumbo, fuera cual fuera, pero rumbo; y con lo de la novelita y las clases de español creo que ahí ahí estoy en ello. Puedo dar, pues, el saldo como positivo.

El minuto que resta se concentra en recordarme a mi mismo lo suertudo que soy, en general, con una muela menos, a tocarme la cabeza que es pura madera y desear que todo siga igual, al menos que no cambie lo más importante: ustedes.

Así que desde aquí, a todos, gracias. Y a los que no se acordaron, pues nada, gracias también, que estoy seguro que algún año me olvidaré yo si no lo hice ya; no me lo tengáis en cuenta.

And Maree you are freaking awesome, thanks to remember the strawberry tradition and spoilt me with them!!!

martes 28 de febrero de 2012

Una danza incorpórea de acercamiento a Katowice.



¿De qué material está hecha la amistad? Cuál es su composición, o su estado. ¿Es la amistad gaseosa? ¿líquida? ¿sólida? Cómo crece, qué cauces y pautas transita en su desarrollo, cómo se transforma, ¿es posible enumerar sus diversas formas de disolución?

A la amistad no se le puede someter a un análisis químico.

Amigo desde los pañales o desde cuando intercambiabas cromos de futbolistas, o desde que vais juntos andando al conservatorio, amigos desde el primer cigarro furtivo o desde la borrachera cantando "Losing My Religion" en el Tierra, tu primer amigo del trabajo, tu primera amiga, tu mejor amiga, tu socio, tu compadre, la secretaria, el tio con el que llevas viviendo tres años, el tipo con el que te viniste a Londres, al que acabas de conocer o con el que casi cada semana buscas un pub para tomar una pinta. La amiga que conociste a través de otra amiga que conociste haciendo cola para un casting. El amigo que se fue, el que no llegó; al que solo con una sola mirada cómplice entiendes, con el que siempre discutes, con el que no tienes nada que ver, o a los que son fotocopias.

Con una sola palabra, amistad, al final encorsetamos una gama infinita de variaciones que denuncian lo fútil del intento de encorsetarlos, precisamente, en una sola palabra.

Nada nuevo, a la amistad, o a las relaciones que espontánemamente identificamos como de "amistad" son tan vastas, gigantescas y distintas que cualquier intento de definirla y en consecuencia, domarla, es desde su principio una aventura suicida.

A ella la conocí en el trabajo. Durante casi un año coincidíamos a veces cuatro días con regularidad en la misma semana. Nunca tomamos muchos cafés juntos, alguna que otra vez corrimos una juerga con los del curro, donde las amistades no son más que sumas. Tuvimos un par, dos o tres, conversaciones personales... y no me refiero a esos entremeses de treinta segundos donde una especie de cortesía te obliga a preguntar como está la vida, el novio, o la familia; me refiero a conversaciones largas, una vez incluso con una pinta, conversaciones de mesa de por medio. Ya empezaba a saber algo de su biografía, a conocer algunas manías, defectos. Y estoy casi seguro que si ella o yo hubiéramos cambiado de trabajo, o alguno se hubiera mudado a otra ciudad, nuestra amistad se hubiera ido disipando poco a poco. En las amistades que brotan entre extranjeros en Londres abunda una pauta común, una peculiaridad: el tránsito.

No con eso digo que nuestra amistad fuera insustancial. No creo que la calidad de una amistad haya de permanecer siempre unida al parámetro de la duración. Creo que algunas amistades se convierten en gaseosas, que desaparecen, pero que de algún modo aún siguen ahí, dispuestas a solidificarse a la menor señal.

Natalia y yo éramos compañeros y amigos. Una amistad aún tierna, elaborándose todavía. Pero Natalia cambió de ciudad. De repente se mudó. De la noche a la mañana ya no volvería a Londres, al menos por un tiempo prolongado.

Aunque esta vez, la peculiaridad no se cumplió. Es decir, nuestra amistad ni siquiera se ha gaseosificado.

Y acierto al decir que ahora me siento más cerca de ella que antes, como cuando cada día que la veía la tiraba un poco del mal genio. Quizás a la amistad se la pueda considerar como danza incorpórea de acercamiento.

La foto de ahí arriba es mi primer regalo de cumpleaños de este año. Es una especie de poesía vital y con mucho sentido del humor, además de una postal de Katowice, según ella la ciudad más fea de toda Polonia y a la que tuvo que volver forzosamente a instalarse.

Así que con esta breve reflexión sobre la amistad y de exhibición de la nuestra, lo que quiero decirte Natalia es simplemente que gracias. Y es que con ese punto egoista que toda amistad para que sea tal, ha de conllevar, he de decirte que tú como amiga me das mucho, me enseñas, y gracias a ti y a lo que el mantenimiento de nuestra amistad supone, mi inspiras a encarar la vida desde otra perspectiva, y no me equivoco si la etiqueto de más sabia.

Eres un regalo, gaseoso, líquido y sólido.

Un beso guapa.

miércoles 22 de febrero de 2012

Martes cocinando.



Resulta que desde que estoy en régimen de empleado a tiempo parcial tomé la decisión de cocinar para los que habitan la casa cada martes.

Hice espinacas a la sevillana, lentejas, garbanzos, ratatouille -en la foto- y ayer lombarda con tinto y bacon.

Nos sentamos en la mesa, y con una cerveza, vino o misma agua, le damos al tenedor o a la cuchara.

La conversación es la sal del asunto.

Por ahora no he tenido muy malas críticas.

La semana que viene creo que voy a tirar por un arroz caldoso, con pollo. Si alguno sabe alguna buena receta que no deje de decírmelo.

Y poco más.

Y me di cuenta, que si se hace con tiempo, cocinar relaja.


jueves 9 de febrero de 2012

Un garbeo por París.



Desembarqué en la ciudad donde se proclamó la igualdad, la fraternidad y la libertad esperando comer Ratatuille, expectante por comprobar si es tan bonita como todo el mundo pregona y en definitiva a pasar un buen fin de semana pero entre semana.

Y con lo primero que me topé de Paris es con su indescifrable mapa del metro, acostumbrado a la pulcritud y claridad del Londinense, ese entramado ladeado de lineas serpenteantes y discontinuas se me antojó inescrutable, y así fue durante casi todo el viaje. Ya dentro del mismo, la impresión no mejoró; sucio, congestionado, aunque la regularidad de los trenes aceleraba al menos tu estancia en el inhóspito subterraneo parisino.

Luego un paseo por los gélidos Campos Eliseos y el Arco del Triunfo, que bueno, es un arco ahí en medio, haciendo de rotonda. Muy grande, muy bonito.

Dejado los macutos en el hotel, Hotel de Sevigne, céntrico, limpio, acogedor y con un servicio muy hospitalario; desde la limpiadora que te ayuda a abrir la puerta del hotel porque ya no sabes manejar tarjetas de entrada de tanto tiempo que no usas una, hasta la recepcionista que sin preguntárselo nos ofrece un itinerario alternativo y unas cuantas tips para nuestro último día de estancia. El cliché de que los parisinos son unos maleducados henchidos de sí mismos empieza a desquebrajarse.

Nos vamos a la torre Eiffel. 300 metros de acero que subimos hasta a la mitad a pata. Luego un ascensor nos condujo hasta la cúspide y allí pues hicimos como buenos turistas, echamos fotos, fumamos un cigarro y fuimos regañado por ello.

Comimos un menú en un restaurante que me recomendó un cliente habitual parisino. Chez Clément. Es así como una cadena de restauración tradicional. Ratatouille no había, pero un montón de cosas que sonaban a platos antiguos. Al final comí pescado con patatas al horno. No muy bueno, no muy caro, 15,90 por cabeza en los Campos Elíseos. Aceptable.

Luego oímos una misa cantada en Notre Dame y he de decir que es la catedral más bonita que he visto en mi vida, y no es que haya visto pocas. Tiene algo distinto, estaba atardeciendo, y las vidrieras le daban un color azul atenuado que te envolvían. Y allí encendí una vela, de esas que sirven para cumplir plegarias, pensando en alguien que de aquí a no poco se enfrenta con la vida. Ella no cree mucho en esas cosas, yo tampoco, pero supongo que toda ayuda es buena.

Y en una esquina, con la vistas de Notre Dame, pagamos en una cafetería por un poco de agua caliente y dos bolsas de te algo así como nueve euros. Como que mejor no pongo el enlace.

Paseo de vuelta y cena en Café Brassac donde muy amablemente nos sirvieron por 63 libras, un par de buenos platos, un par de grandiosos vinos y un postre alucinante. En particular mi solomillo estaba para tirar cohetes. Caro pero excelente ambiente, así como modernete y la materia prima ejemplar. Pedí ratatouille pero se olvidaron de servirlo.

Al día siguiente paseito por Montmartre, obedeciendo recomendaciones de mi amiga María la Mejicana. Hacía algo así como ocho bajo cero, así que la cosa se acortó y ni siquiera llegamos al Moulin Rouge. Tomamos un refrigerio en el Café du Theatre que recomiendo por lo genuino que es. Así se respira franchutismo a tope. Y luego a la Basílica du Sacre Coeur, que está ahí en una colina a la que accedimos por un telesférico, que ya las piernas después de la Eiffel no estaban para más escalones. Unas vistas inolvidables, una panorámica de toda la capital francesa, que debe ser acojonante para un atardecer.

Y por la tarde el Louvre. Y qué decir del Louvre... a mí sólo se me ocurre una cosa: demasiado grande.

Después del jaelo de cuadros y cuadros, salas y salas, cuadros y cuadros, último vino en un bar fashion llamado Unisex. Y efectivamente como el nombre indica, cuando bajas las escaleras para vaciar el agua al canario, ves que por la puerta del servicio entra todo cristo, con canario o sin él.

Paseo por las Tullerías, cruzar un estanque helado, plaza de la Concordia con obelisco egipcio y ruidosa excursión escolar incluida, bocata, recoge maleta, estación y pa casa.

Así fue en definitiva el fin de semana entre semana en París. Supongo que con mejor tiempo pasear se hubiera convertido en una actividad más placentera. Es cara de cojones, hasta límites ridículos, lo único más barato en comparación con Londres creo que fue el tabaco. Los franceses con los que nos topamos muy prestos a entenderte, a ayudarte y siempre con una sonrisa en la boca; así que en lo que a mi experiencia respecta, el cliché roto del todo, los parisinos son encantadores. El Siena lindo lindo, ahí con los puentes y las farolas y las chicas con bufandas blancas y los tipos con pañuelos.

He de repetir, en realidad querría haber ido al d´Orsay, imperdonable que no me haya pasado por el College de France después de cinco años de carrera oyendo de él y sobretodo y ante todo, pecado que me fuera de allí sin hacer lo que pretendía haber hecho: probar el famoso Ratatouille.

Y es cierto, es tan bonita como todo el mundo pregona, Paris es amplitud y croissants.


jueves 2 de febrero de 2012

Una tarde en Craven Cottage.



Ayer estuve en mi primer partido de la Premier League. Ya era hora, después de más de tres años.

Se enfrentaban el equipo de mi barrio, el Fulham contra el West Bromwich Albion... el tercer equipo de Birmingham. No tenían mucho que ganar, tampoco mucho que perder, mitad de la tabla, lejos del descenso, lejos de europa, vagando en la tierra anodina de la mediocridad, si a eso añadimos que los termómetros marcaban menos un grado no creía yo que fuéramos a tener muchos problemas espacio. Y mi sorpresa fue que el estadio, el Craven Cottage estaba completamente lleno.

El encuentro fue también sorpresivo por el gusto por el balón que mostraron ambos equipos. Toda la vida oyendo la cantinela de que en las islas se juega al pelotazo y resulta que estos dos equipos pequeños se disputaron la media cancha, intentando hacerse dueños del territorio desde donde se ganan los partidos. A reventar.

Aquí aman a sus equipos.

Sólo reconocí a Senderos, un defensa aguerrido que solía jugar en el Arsenal y me quedo con el 21 del West Bromwich, un tipo que de verdad sabe repartir juego.

Quedaron 1 a 1, goles de un tal Dempsey en el 70´y luego el empate de un tal Tchoyi en el 82´. De rigor, como no nos iban los colores, salimos cinco minutitos antes.

Fue, en fin, una tarde de fútbol, en uno de los estadios con más solera, el Craven Cottage, a una media hora de casa andando, y con una estatua gigante de Michael Jackson mirando desde la grada al río.

martes 31 de enero de 2012

National Lottery.



En casi todos los lugares donde puedas comprar una cerveza, un poco de jamon york, panchitos y noodles instantáneos, podrás adquirir también un rasca, rasca... osea en todos los supermercados y en casi todos los hindios 24 horas.

Las cartulinas te cuestan desde una libra hasta cinco y los premios van desde el millón de libras a las ocho mil o a un sueldo de 40.000 para toda la vida, quitándole previamente los impuestos.

Los juegos suelen ser bastante simiscos... rasca y si el número da diez o siete ganas el premio, rasca y si el simbolito coincide, ganas premio.

En cada cartulina viene especificadas las "overall odd of winning a prize", osea, las probabilidades de que la cartulina tenga premio. En el caso de la foto es de 1 en 3,79. Es decir, que de media, si compras cuatro, al menos una debería tener algún tipo de premio.

Ese cartón de la foto es el doceavo, el que ha parado la racha. Hace como un mes compré uno y me tocaron cinco libras, con lo que reinvertí en otro, y de nuevo cinco libras, con ese me tocarón diez y compré dos en los cuales me tocaron cinco y diez de nuevo y compré tres, luego me toco otras cinco libras y así hasta llegar al doceavo cartón. El premio más suculento que he conseguido ha sido de diez libras y luego varios de cinco. Así que tocar, toca.

La lotería aquí es toda una institución y revierte el 28% de sus beneficios en buenas causas. Parece ser que han invertido hasta la fecha alrededor de 27 billones -billones ingleses- y dan parte de ello en "Good causes story"

Es bueno saber que 2,8 libras de la inversión inicial de 5 que hice en aquel cartoncito que me ha conducido a rascar otros once han podido contribuir a restaurar una pintura de William Blake, a la mejora de un centro de sordomudos de Southampton o que pueda emular el éxito de taquilla y crítica de la última ganadora de los oscars.

Así que cuando estés por aquí, ya viviendo o de vacaciones, y te entra el gusanillo y entras en un 24 horas y le compras a un tipo con turbante una Red Stripe, un sandwich de pollo tandoori, y unas pataticas fritas para irlas a comerlas a Hyde Park... sueña también con ser millonario, es una forma de hacer caridad.



miércoles 25 de enero de 2012

Graffitis y osos de peluche.



Ahi en Goodge Street, justo cuando sales hay una plaza, un café Nero y un graffiti y el otro día un tipo con anorak rojo dándole de comer a las palomas.

Estábamos ahí de paso, comprando un oso de peluche en el Pollocks Toy Museum, que mayormente es una tienda con juguetes vintage y old fashion... vamos como con los que casi que jugaba yo. Una tienda muy maja para hacer regalos con un toque de personalidad, ya sea para uno que acaba de nacer o que no esté lo suficientemente crecido como para ser adicto ya a las consolas, los teléfonos o los Ipad, hay varias cosas que incluso podrían servir como elementos de decoración, ¿o no molaría un elefante de madera y rueda de colores como pisapapeles?

Y luego o antes del peluche, no lo recuerdo, el graffiti. Ahí en la ladera de todo un edificio, algo ya gastado, con esa película pálida como cuando los carteles de los helados no los remplazaba el panadero y se quedaban así, como vahídos.

Yo que no soy muy amante de los museos y de la pintura descontextualizada y cosificada ahí a la vista de tres mil turistas al día, los grafitis me flipan porque además de que puedan ser bonitos, rompedores, impactantes, equilibrados, oscuros o lo que fuera, se pliegan con el entorno y se convierten en un elemento más del paisaje, enriqueciéndolo. Por supuesto hablo de graffitis graffitis, no esas firmas más pintadas que sólo entiende el que las hizo y sólo le gustan a la novia del que lo hizo que se piensa que su macho es muy cool por disfrazar su firma con aerosoles y lo que está haciendo no es más que lo que hacen los gatos y perros cuando mean por las esquinas: marcando un territorio. El graffiti en cambio no marca el territorio, sino que lo amplia. Es una ventana en un trozo de pared a otro universo.

Luego me terminé el café, dejé de mirar por aquella ventana y me metí en el metro. Había un niño, Camil, que todavía no sabe lo que es un teléfono, una consola o un ipad y al que creímos que le haría falta un oso de peluche. Quizás Camil mañana sea un graffitero y dibuje nuevos universos, y eso es lo que me flipa de los bebes, sentir como una cosa tan pequeña podría ser tantas cosas...



martes 17 de enero de 2012

El mechero que se acabó



Hice la foto del mechero porque este es el primer mechero que recuerde que he conseguido agotar. La vida generalmente está marcada por acontecimientos mucho más llamativos, pero adheridos a ellos están los momentos genuinos.

Así como el día que naciste es un día importante, el día genuino es el día en que tu madre y tu padre se dieron un revolcón y te concibieron. Así como el día en que te casas es en el que todo el mundo se engalana y lo celebra, el genuino es cuando supiste que querías que aquellos ojos siempre te sostuvieran. El momento crucial se produce cuando al final consigues el trabajo que anhelabas, el genuino cuando te das cuenta que el trabajo lo que hace es alimentar tu vida.

Para mí comprar un mechero y conseguir que no me lo roben, no perderlo, no romperlo o regalarlo y que me intente encender un cigarrillo mientras espero el bus a la salida del trabajo y este diga "hasta aquí hemos llegado" supuso un momento de incalculable valor. Si soy capaz de agotar un mechero, de atesorarlo hasta que se acabe, siendo como yo mismo soy, ahora sé que puedo emprender cualquier propósito en la vida; que todo es posible y que la clave del éxito está en conducirme como lo hice con el mechero.

El secreto está en darle el justo valor a las cosas, y las cosas todas tienen un justo valor y ese valor está intimamente determinado por un detalle del que a veces rehuimos. Y el detalle, de geométrica elegancia, es el de que las cosas se acaban.

Gracias mechero, por hacerme verlo.

miércoles 4 de enero de 2012

2011



Esta entrada es por mi amiga Natalia, que sigue en Polonia plantándole cara a la vida. En un correo va y me dice que lo que le encanta de esto de las navidades son los resúmenes esos de lo mejor o más importante del año, en política, en cine, en música, etc.

Pues nada, yo hice mi lista propia... 11 items por los años del milenio que acaban de pasar.

Bye bye 2011!!!!

1. La mejor película (best movie):
Drive

Mira que habré visto películas este año, pero sin lugar a dudas este cuento con final amargo, película cruel y tierna, con cuatro o cinco escenas que hacen que se te pongan los vellos de punta, es sin lugar a dudas de la que mas he disfrutado. Así han de ser las películas de acción: directas, crudas, estéticas y con poco diálogo.

2. La mejor compra (best shopping): Risk 2210 A.D.

No es que sea mucho de ir a las tiendas, de hecho, me toca los cojones. Compro poco y suelo comprar cosas que me gustan mucho, pero entre los libros, el kindle, el backgammon, un chaleco y poca cosa más que he ido adquiriendo este año me quedo con el juego de los daditos. Ya hemos echado siete u ocho partidas y cada día me gusta más. Suelo jugar con las rojas.

3. La mejor conversación (best chat): Una con mi hermana por skipe.

Mi hermana es también mi amiga y gracias a unas sabias palabras suyas encontré un camino que todavía estoy recorriendo. Conversar es uno de los mayores placeres de la vida y completamente gratis, y sin tener que ir a ninguna tienda.

4. El mejor partido (best match): Barça 4-Santos 0

Debería ser alguno de los muchos clásicos que hubo en el 2011, incluso como madridista debería elegir el de la final de la copa del Rey, o el único que vi en directo en Wembley, pero para ser justos, tumbado en la cama, por la mañana vi un partido que hizo que el futbol pareciera arte y aunque el Barça es el enemigo, al rey lo que es del rey.

5. La mejor comida (best meal): Riverside Studios

Los Riverside Studios son un cine, galería de arte y sala de exhibiciones además de un bar y un restaurante. En el verano, en manga corta y con un sol de justicia me tomé en su terraza o una hamburguesa o un fish and chips; vamos que la comida fue lo de menos, lo que lo hizo especial fue el ambiente y la compañía.

6. La mayor responsabilidad (biggest responsability): Camarógrafo en la boda de guirilandia.

El Jorge va y se casa y no le da por otro lado que dejarme la cámara para que el evento se estampe en la posteridad. Ahí que voy yo y no grabo los discursos porque batería no hay más que una y porque en las películas los discursos se hacen en la cena y no en el pisquilabis, cohones. Todavía el mundo entero está esperando el montaje.

7. El mejor libro (best book):
One Day de David Nicholls.

A pesar de los Stark y Targaryen, de Alta Fidelidad de Hornby, de la sobrevalorada triología sueca de misterio de la chica tatuada, me quedo con One Day, suscribiendo todo lo que ya dije en su día.

8. El mejor viaje (best trip): La tumba de Marx

A pesar de que Edimburgo es muy bonito y Copenhagen un poco menos, que Sitges mola y Barcelona sigue estando igual de guapa, a pesar de que Sevilla es la ostia puta en verso, el mejor viaje de este año fue a zona 4, en el mismo Londres.

9. El sueño incumplido (undone dream):
El puto corto

No veas, todavía sigue ahí y algún día se acabará... digo yo.

10. La mejor lección (a lesson learned): "Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido"; o en el inglés original: "it´s never too late to be what you might have been".

Me lo enseño George Elliot mientras esperaba el bus 27 a la salida del trabajo. A ver si me la aplico, sea cual sea la cosa que yo debiera haber sido.

11. Lo mejor del año (the best of the year):
Mucho donde elegir afortunadamente. Por quedarnos con algo, diremos que los últimos días del año, con la piruja de mi hermana, el bueno de mi cuñao, la Martita y el tipo grande, la escolta de la Meritxell y con la rubia de la Maree.

jueves 29 de diciembre de 2011

Busca las 7 diferencias.


De una foto a otra hay como unos quince años... y es que en estas Navidades me he dado cuenta cómo de rápido pasa el puto tiempo.

No mucho más que contar, sólo eso, que el tiempo se va escabullendo.

Y bueno, lo de siete diferencias es porque había que titularlo de alguna manera, porque en realidad hay quinientas.

Pd: menos mal que me quité el pendiente.