jueves, 20 de diciembre de 2012

Navidades




Otro año más, otras Navidades, turrón que nunca acabaremos, mariscos, anís, polvorones, villancicos, las uvas, castigar el hígado, un belén viviente, un caramelazo en la oreja o en la gafas, la lotería que nunca toca, lentejas, empapelar los regalos, comprarlos a última hora -la colonia nunca falla-, cava, champagne o sidra, burbujas vamos; no saber cuando dejar de decir “feliz año nuevo”, esa maldita bola del árbol que siempre anda rodando por lo suelos y que en cuanto la devuelves a su sitio de nuevo se vuelve a caer, quejarte de la cola para entrar a beber un cubata el treinta y uno prometiéndote que nunca más jamás; la tabla por fin vestida con un jamón, evitar una multa por exceso de velocidad esgrimiendo el poderosísimo argumento: “Coño, que es Navidad”, propósitos de año nuevo que ya de antemano los sabemos fracasados, estar una chispa más contento, y rodearte de los que te quieren.
Otro año más, otras Navidades...
Un artículo en Guadaíra Información donde hablo del único sentimiento que uno puede tener cuando no le gustan las Navidades y está lejos de casa y el turrón, para seguir leyendo pincha aquí

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Actitudes




Una de las cosas de cuando uno ha aterrizado en un país extranjero es lo mucho de menos que hecha el producto autóctono. Aquí no hay pringá del Baltanás, ni mantecaos de Viena, ni churros de la plazuela, un mollete es intraducible y aunque el chupachups esté muy implantado es jodido hacerse con unas buenas pipas.
Es por eso que de vez en cuando me doy un garbeo por “el García” que además de una cafetería es un pequeño economato situado casi al final de Portobello Road, en Notting Hill, allí donde los sábados se abre un mercado que visitan millones de turistas al año. “El García” te surte de vinos españoles, chorizo, jamón, aceitunas, calamares en su tinta y mejillones, cola-cao, aceite de oliva en garrafas y hasta kikos churruca; ofrece una comedida selección de los productos que la morriña hace que más eches de menos...
Como una tarde un par de tipos en el café García de Portobello Road me hicieron pensar en lo importante es es la "actitud" es esta vida. Para leerlo completo pincha aquí 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Km cero





Hubo una vez que quise ser guionista y con mi ingenuidad a cuestas cargué la mochila con mis proyectos, guiones de largos, sinopsis, cortos, documentales... y me fui a la capital. Hice que a un mapa le saliera el sarampión al marcarlo con decenas de puntos rojos, allá donde las productoras tenían sus sedes, y durante una semana me dediqué a aporrear puertas.
Una mañana había quedado con el típico amigo de amigo, un actor que llevaba años pateando escenarios y ganándose la vida poniéndose en la piel de otros, para que me orientara un poco en lo que buenamente pudiera. Y allí que lo esperaba en Sol, fumándome un cigarro cuando un tipo cámara de foto en manos y a unos dos metros de mí empezó a hacerme señas para que me apartase. No lo acababa de entender muy bien, tenía toda la plaza para hacer el retrato, pero aún así me desplacé un par de pasos. Inmediatamente mi posición vino a ser ocupada por dos mujeres, mis dotes detectivescas dedujeron que aquellas eran madre e hija, y el de la cámara tenía todas las papeletas de ser el yerno. Señalaron hacia el suelo, sonrieron y el tipo tomó la foto. Éste con un gesto me vino a dar las gracias y se perdieron entre la gente que aquel día pululaban bajo el sol castizo de Madrid...

Lo prometido es deuda y al final de lo que dije que iba a hablar en este artículo es de lo que hablo en este artículo, mira por donde, un poco de coherencia. Si quieres seguir, pincha aquí

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tareas Solidarias.


De vez en cuando hay que ser solidario, sobretodo si a uno le duele la boca, las muelas, la lengua y hasta la saliva de proclamar a los cuatro vientos que por muy mal que estemos, que a pesar de esta crisis crónica que como la tos en invierno no parece que vaya a dejarnos, que a pesar de todos los dramas, en general, aún estamos mucho, mucho, mucho mejor que en otras geografías.

Y es que cuando nos da por comparar siempre miramos hacia arriba y nunca hacia abajo. Siempre pensamos en aquellos que tienen más para quejarnos de lo poco que tenemos. Yo siempre creí que eso fue un gran error.

Y de vez en cuando algunos se arman de coraje, se arman con su tiempo y se dedican a hacer que este mundo sea un poco mejor y por mejor entiendo más justo, más igualado, más respirable. Y esos que con su coraje y tiempo montan tinglados como "Tareas Solidarias" son a los que deberíamos dirigir nuestra admiración.

Luego están los que se rascan el bolsillo, porque ni tienen el coraje o son tan egoístas que no quieren compartir su tiempo. Ahí entro yo. Por eso me he metido en su web, por eso les escribo esta entrada y por eso les he hecho un donativo, porque les admiro y porque no tengo los huevos de ser como ellos.

Y luego están los que ni se arman de coraje, ni comparten su tiempo, ni los que se rascan el bolsillo, y que a la postre, apuesto, son a los que más se le llena la boca quejándose de lo mal que su vida les trata y lo injusto que es el mundo con ellos.

¿Cuál de ellos eres tú?

Para los que no son esa última clase de persona o quieren dejar de serlo en su web tenéis varias formas de colaborar: con coraje, con tiempo o con dinero.



domingo, 11 de noviembre de 2012

Guadaíra información





Guadaíra información es la manera en la que Alberto Mallado quiere mantener al pueblo informado, online. Al pueblo que me vio crecer. Alcalá de Guadaíra o como comúnmente se la conoce por aquellas tierras: Alcalá de los Panaderos

Ha reunido a una caterva de columnista para que le den color a la sección de opinión, y ha tenido la gentileza de invitarme a participar. Un par de veces al mes o algo así me colaré entre sus páginas. Así que desde aquí no puedo hacer otra cosa que agradecérselo.

Y no sólo lo hago porque me brinde un portal donde expresar mis opiniones y reflexiones, que a la postre a decir verdad no valen un pimiento; sino también y más que nada porque me ha dado la oportunidad de permanecer de alguna manera un poquito más ligado a mi pueblo, al cual desde éste húmedo Londres se le echa a veces mucho de menos.

Esa foto es del Paraíso. Una plaza céntrica, donde he quedado una y mil veces. El punto de partida para irse a fumar un cigarrillo a hurtadillas, o para ir al campo de futbito que nunca me vio forjarme como estrella, para tomar cafés o hacer botellón, para comer pipas o sentarse en el banco y ver pasar a la peña. El paraíso fue mi kilómetro cero y seguramente de esto mismo hable en mi próxima columna.

Por ahora he escrito dos, la primera donde describo brevemente mi experiencia en tres países distintos en lo concerniente a como los padres manejan a sus hijos, que lo titulé "La ruta del chupete"; la  segunda sobre cómo la industria del doblaje le hizo mucho daño a la educación de mis oídos, a la que llamé "Alquilar películas pudo ser una inversión"

Pinchad si os apetece.






sábado, 10 de noviembre de 2012

Alquilar películas pudo ser una inversión.



Uno de los recuerdos que atesoro con más cariño de mi niñez fue la llegada del primer video VHS, era un Panasonic en cuyo mando a distancia venía incorporado un láser lector de código de barras para programar grabaciones que jamás llegamos a utilizar.  No recuerdo bien si fueron unas navidades, un cumpleaños o simplemente por que sí. Y con el aterrizaje del electrodoméstico vinieron parejas mis expediciones al VideoStar, que por aquel entonces tenía sus puertas en la Plaza de la Almazara. Ya desde muy temprana edad la magia del cine me había hechizado, pero el video trajo el cine a casa, y eso fue la ostia.

El video se fue popularizando y abrieron otro VideoStar en el Paraíso, en vez de amarillo naranja, y por motivos logísticos empecé a transitar éste hasta casi que lo cerraron. Y no sólo alquilaba películas, sino que las grababa. Luego en la Universidad me plegué a los cantos de sirena que el Videoclub el Águila me lanzaba desde la calle Silos y consumí mi infidelidad cuando me hice asiduo a rentar películas independientes o rarezas que nunca podía encontrar en el videoclub que hasta entonces había colmado mis necesidades. 


No lo que podría haber sabido yo de hablar inglés si en nuestra patria España no fuéramos tan catetorros... para leerlo entero, pinchad aquí

martes, 6 de noviembre de 2012

Una fecha propia



Siempre he mantenido una relación algo equívoca con mi cumpleaños. Ese día te llaman de seguido, te envían mensajes, el muro del facebook se atiborra de felicitaciones, algunos regalos caen y de vez en cuando hasta soplas unas velas.

El día que naciste no puede sino ser un día importante, un día para celebrar.

Aún así siempre he estado un poco disconforme y a cada año que pasa más hastío me produce la efeméride de mi propio natalicio. Porque los cumpleaños no nos pertenecen. No son dados, no los elegimos, y son completamente arbitrarios. Son importante para tus padres, y supongo que es una manera de recordar que sigues teniendo amigos.

Hoy hace cuatro años, en este justo momento que escribo este post, estaba acomodándome en el frío suelo de Stanted. Un avión desde Sevilla acababa de llegar y entre sus muchos pasajeros nos traía a mí y a Mariano. Teníamos que pasar la noche en el aeropuerto porque el tren que nos llevaría al centro de Londres no salía hasta por la mañana. En aquel aeropuerto ronqué como un niño acunado en mis sueños, que como todos los sueños, olvidé. El Maxi y el Pedro nos hicieron casi de escolta, ellos esperaban el enlace que les llevaría sino recuerdo mal a Noruega. Y así empezó esta aventura.

El cinco de Noviembre. Una fecha que un día señalé en rojo en un calendario. Una fecha que yo elegí. Una fecha que cada año, en mi particular manera, celebro. Nadie me llama, ni me envían mensajes, mi muro no acoge ninguna felicitación, y esta fecha, por ser mía, por ser propia, en mi particular y a veces creo que extraña manera que tengo de ver las cosas es la fecha más importante par mi.

Porque esa fecha es el referente que marca un cambio en mi vida que la ha dejado alterada para siempre. No recuerda el día exacto en el que besé a la primera chica, ni el día exacto de mi primer polvo, ni el día en el que acabe el instituto, el colegio o la universidad, ni el día que empecé mi primer trabajo, ni en el que publiqué mi primer relato... fechas importantes en su momento que se han ido diluyendo en mi pasado.

Pero este cinco de noviembre, atino a pensar, que se quedará conmigo para siempre. Y esté donde esté encontraré un hueco para reírme de aquel tipo con barbas, un plumífero verde, y dos maletas con restricción de peso que se pasó la noche roncando en el frío suelo de un aeropuerto londinense.

Y ya son cuatro, a ver los que esta ciudad me aguanta.

En la foto, Jorge, Mariano y David. Nos juntamos hace unos días porque más o menos todos llegamos en las mismas fechas y ellos son parte de mi pequeña familia de aquí. Y lo celebramos de la única manera posible: a pintas. Dos en esa foto ahora tienen hijos ingleses, así que podemos decir que estamos arraigando. Han sido muchas aventuras juntos y brindábamos para que fueran muchas más.




miércoles, 31 de octubre de 2012

¿Por qué las cabinas en Londres son rojas?



Esa pregunta me ha estado rondando durante cuatro años y tras arduas y duras investigaciones he logrado averiguar la respuesta, y no es sino mi intención compartir la misma con ustedes.

Las cabinas rojas son uno más de los iconos de la capital británica. Si sigues el manual del "perfecto turista" tienes la obligación de echarte una foto en una de ellas, flanqueándola, haciendo el ganso, abriendo la puerta y para los muy valientes adentrándose en su interior, donde además de anuncios de pornografía te darás cita con un nauseabundo hedor, ya que las cabinas en el Reino Unido son multiusos y no sólo te suministran el servicio telefónico si no que también se prestan ocasionalmente como urinarios públicos y muy a menudo de eventual hospedaje para los que no tiene otra forma para combatir el frío.

Luego si te quieres licenciar con honores como "perfecto turista" has de adquirir en una de las millones de tiendas de souvenirs una pequeña cabina a modo de hucha, caja de tes o pisapapeles y regalársela a la cuñada, el primo o el vecino, a quién te caiga peor. Y ya si quieres ser el número uno de la promoción "turistones en Londres", el más guay del paraguay, no te queda otra que seguir leyendo.

Resulta que las cabinas se llaman "k" y que la más prolífica y famosa, llegándose a emplazar 73.000 ejemplares a lo largo y ancho del reino, fue la "K6". Por cierto la elección de K no es azarosa, obedeciendo al típico pragmatismo british, "k" es sólo la abreviatura de la palabra "kiosk", término proveniente del persa "kusk" que significa palacio. Así que los ingleses nombraron palacios a sus cabinas y nosotros a los sitios donde comprar el periódico y las golosinas. Curioso

La cuestión es que el primer diseño, el K1 no gustó mucho a los londinenses, así que el correos de aquí (Post Office) que por entonces tenía las competencias telefónicas organizó un concurso para ver quién se llevaba el gato al agua. Sin no poca controversia, al final un tal Giles Gilbert Scott fue quién se hizo con tal honor. Este tipo también diseñaría años mas tarde la central termoeléctirca de Battersea, un icono menos famoso de Londres pero uno de mis favoritos, que aparecía en la portada del disco "animals" de Pink Floyd con un cerdo volador entre sus titánicas chimeneas blancas y que aun a pesar de permanecer años en desuso todavía no saben que hacer con ella, si un museo, un hotel, un centro comercial y ahí está languideciendo como postal de despedida cuando en el Gatwick Express te diriges al aeropuerto a tomar un vuelo que te devuelva al sol ibérico.

Y ya que el amigo Gilberto la inventó podríais suponer que fue él quién decidió el color de las cabinas. Pues resulta que no, que en el diseño original éste las había ideado plateadas con un azul verduzco en su interior y fueron varios los motivos aducidos para no seguir al pie de la letra sus designios. Y, ya roja, para aquellos que quieran presumir de ser el número uno de la promoción "turistones en Londres", no tiene más que inmortalizarse en el prototipo original de madera que Gilbert creó, situado en el arco de entrada del ala izquierda de la Royal Academy. Ya me contáis si dais con ella.

El principal motivos esgrimido contra la voluntad del autor fue que el color plata no era muy vistoso, así que los de correos dijeron que había que encontrar uno que se viera mejor, más llamativo, mas fácil de localizar en unas latitudes donde las nubes y la lluvia impiden la correcta identificación visual de las cabinas, y esa fue la razón por el cual, a oleadas, todo el Reino Unido se fue colmando de las famosas cabinas de color rojo.

Así que contestando a la pregunta de ¿por qué las cabinas de Londres son rojas? uno podría pensar que habríamos alcanzado ya una respuesta satisfactoria. Pero si lo piensas bien, con detalle, el verdadero y último motivo es mucho más sencillo.

Y son de ese color porque alguien, en este caso un currela, las pinta de rojo.



lunes, 22 de octubre de 2012

La ruta del chupete



Uno alcanza a tener una edad donde los amigos y allegados no les da por otra cosa que por traer niños al mundo.

Los bebes, cuando pasas de los treinta, son una plaga, a todo el mundo les da por tenerlos. Y en esas que tienes que planificar las vacaciones teniendo en cuenta también a esos que están empezando a poblar este mundo.

Así que me tomé un par de semanas libres y dejé la intermitente nublada Londres presto a iniciar la ruta del chupete... 


Mi primer articulito en Guadaíra Información, como dirían en esa película antigua con un ruido de motor de avión de fondo... esto es "el comienzo de una gran amistad". Para leerlo completo, pincha aquí.

domingo, 21 de octubre de 2012

Cafe en la cripta.




Antes de que se me adelante el amigo de Guirilandia que últimamente no para de hablar de mercados, cafeterías y bocatas, me gustaría deciros desde dónde estoy escribiendo este post: en una cripta.

Además de escribirlo me estoy tomando ese café que podéis ver en la foto.

Y es que debajo de la St Martin-in-the-Fields, una de las iglesias más conocidas de Londres, justo en Trafalgar Square, hay una cafetería.

Y es la reostia.

Los lunes, martes y miércoles sobre las una, encima acompañan tu almuerzo con un poco de música. En el café de la cripta puedes disfrutar de ambiente relajado, donde el sonido queda amortiguado por los abovedados arcos de la catacumbas, en el que te puedes pasar dos horas escribiendo en el ordenador, leyendo un periódico o simplemente observando a la gente deambular. Como esta pareja de, presumo, escoceses que se acaban de sentar a mi vera. Ella tiene el pelo teñido de rubio y lleva una de esas bufandas de colores acrílicos con agujeritos que más que evitar el frío decoran, se está peleando con el mobil en lo que deduzco intenta conectarse a la red wifi gratuita; mientras su esposo, boina a cuadrados verdes y marrones y pelo blanco se quita las gafas y se masajea la nariz justo allí donde estás soportaban el peso de las mismas. Ambos traen consigo una docena de folletos y desde aquí puedo averiguar que han estado en la National Gallery. Se dirigen pocas palabras, se les ve cansados y creo que ambos están esperando a que el otro se ofrezca a ir a por los cafés.

En todas las mesas hay un panfleto que reza

"THANKS! All the profits from the Café, shop and concerts fund the work of St Martin-in-the-Fields. Thank you for your support and we look forward to welcoming you back soon"

Osea, que los beneficios que sacan de bocadillo de pollo o del doble expreso o del ticket para ver los miércoles a las ocho jazz en vivo, lo destinan a sus mejunjes solidarios y a mantener la Iglesia.

Yo no sé como está el rollo aquí sobre la financiación pública de la iglesia anglicana, quizás hagan el idiota como en España y la financien en gran parte con los impuestos, siguiendo esa manía tan nuestra de pagar con el dinero de todos lo que no dejan de ser asuntos privados. Pero lo hagan o no, al menos aquí muchas iglesias se financian o se sacan un dinerito extra promoviendo conciertos, abriendo cafeterías, tiendas con souvenirs y muy a gusto que se toma uno un café aquí encantado de ayudar a que afinen el órgano, a que paguen a la que limpia el púlpito o a que dediquen una partida a favorecer la educación de algunos oprimidos, sea yo anglicano o no, cristiano, musulmán, agnóstico, budista o ateo.

En definitiva, si tenéis que matar un par de horas, o estáis hartos de patear por el centro, o simplemente queréis conocer un sitio con duende, buscad la iglesia, descended a las profundidades y tomarse algo, que a lo mejor va a ser verdad que hay un tipo ahí arriba vigilando y de vez en cuando hay que congraciarse con él, por si las moscas.

Por cierto, el tipo de la boina es el que trajo los cafés y creo que su señora esposa todavía está indagando a ver como conectase a internet.





jueves, 18 de octubre de 2012

Impostores por Sonicando.



Desde que empecé a escribir mi novela de ciencia ficción, novela que cada día es más ficticia al paso que voy, agrupé en mi google reader una serie de blogs de temática científica. Uno de ellos fue "sonicando" donde de vez en cuando me he colado y en una de las últimas veces descubrí que su autor además de un tipo que fabrica vacunas es también escritor.

Y el chico se ha autoeditado.

Se ve que no es uno de esos que va a esperar sentado hasta que un agente o un editor le llame por teléfono y le diga que va a sacar una tirada de un millón de ejemplares de su novela.

Ha tirado de recursos, de amigos, de influencias y a pertrechado un proyecto que hace muy poquito vio la luz.

La pinta es cojonuda.

Ha montado la wed de Impostores desde la cual puedes adquirir tu ejemplar.

Y el sistema es ingenioso. Se ha dado cuarenta y cinco días antes de la impresión para dar pábulo a los posibles lectores a que compren su obra. Pasados estos el libro se editará y te lo envían a casita (incluso antes, si alcanza la cifra de 5000 euros con los que financiar los costes de producción). Y más aún, con cada ejemplar viene adjunto una copia ebook, para que si las ansias lectoras te carcomen puedas disfrutar de "Impostores" desde el minuto cero en tu libro electrónico y esperar a la romántica copia en papel sentado en el sofá.

Pero es que aún hay más. En la misma web tienes la posibilidad de leer la novela íntegramente por internet, si eres uno de aquellos que no puede pagar los diez euros (o tres si sólo quieres la copia electrónica) que vale el ejemplar porque literalmente no te llega a final de mes.

Y bueno, tiene otros sistemas de venta que eso ya os lo dejo a ustedes para que lo investiguéis.

No puedo recomendarla personalmente porque aún no la he leído; aunque puedo contaros que leí online dos capítulos y no dudé en querer seguir leyendo, eso por eso que "Impostores" espera en mi Kindle a que le meta mano.

Y bueno, tampoco está de más apoyar este tipo de iniciativas, al final el precio es el mismo que del  libro que puedes comprarte en cualquier librería convencional y estos proyectos paralelos son una sana alternativa a una industria que todavía no se ha enterado de que va el tema.

En definitiva y abreviando.

"Impostores" promete.

martes, 2 de octubre de 2012

Periplo


Resulta que Mariano me dijo hace no mucho, "¡quillo, hay una revista taco guapa ahí en internet y buscan colaboradores, anímate cojones!"

Dicho y hecho.

El equipo editorial de Periplo ha aceptado mi relato "Piel de resina" en el número XVII de la revista titulada "Bestiario"

Además Mariano también participa, con algo mucho más de su estilo: "Cuando se deja de creer en los monstruos: de Heródoto al Pseudo-Calistenes" un ensayo que promete;  y es precisamente por ahí por donde pienso empezar, por la página 133.

Y antes de someterme a la placentera lectura de la revista de cabo a rabo he de agradecer a Catalina Mazzitelli por haber conjurado a las musas con su fabulosa ilustración.

Así que nada, ahí os la dejo. Animarse!!!


miércoles, 26 de septiembre de 2012

El secreto de por qué hay aún trabajo en Londres



"La cosa está jodida" es la frase que más uno escucha cuando pregunta por la situación en España. Buena, ahora quizás, la hayamos superlativizado: "la cosa está jodidísima"

Y ahora más que nunca cuando unas imágenes de un tipo rebuscando comida en un contenedor han dado la vuelta al mundo como símbolo de la creciente desesperación de la sociedad patria. Como si rebuscar comida en un contenedor fuera algo nuevo, un fenómeno que la crisis hubiera traído consigo.

Los vaivenes en los mercados, la prima de riesgo, la deuda pública, los rescates, están alentando a miles de jóvenes a emprender un éxodo masivo a aquellos países que parecen que aún resisten intactos a las acometidas de los caprichos bursátiles o a la desconfianza de esa entelequia que los bien informados especialistas en la materia lo han bautizado como "los mercados".

Y es por eso que Londres se está forrando con los euritos que los cientos de españoles que vienen a probar suerte se gastan aquí antes de encontrar trabajo, moneditas que van a pagar la habitación polvorienta a precio de oro, el café antes de la entrevista, el pan, la mantequilla y fruta desabrida en el supermercado y por supuesto la adhesión al deporte nacional británico: tomar pintas en un pub.

¿Y como está la situación por las islas?

Pues por aquí se empieza a oír ese rum rum que se colaba por mis oídos justo cuatro años atrás, cuando emprendí mi aventura, en mi tierra natal. Que si la cosa está mal, que si es más difícil encontrar trabajo, que si han despedido aquí o allí a no sé cuantos, que la gente no gasta y todos los ecéteras.

Así que el Evening Standart, un periódico gratuito que se distribuye por las tardes, se hace eco del asunto y saca en portada a esa pobre muchacha que dice haber aplicado para tres mil trabajos sin tener la suerte de pescar ninguno. Luego la nota sentimental aclara que ese dato es "soul-destroying", literalmente, "destruye almas" aunque para darle un poco de color lo podríamos traducir como: "te deja jodido de cojones".

Y parece ser que sí, que la cosa aquí para los jóvenes graduados, más aún para los que no viven en la gran urbe londinense, está realmente mal. Se habla ya de una generación perdida. Diseñadores gráficos, arquitectos, informáticos, ingenieros, traductores, trabajadores sociales, contables, pues lo deben estar pasando canutas para encontrar un huequito donde desarrollar las habilidades adquiridas durante cinco años, con master incluido, con un salario razonable.

Pero luego están los otros trabajos, como el de barista o shift leader en un café Nero, que podéis ver ahí en el cartelito de la foto. Para que nos entendamos, el tipo detrás de la barra que hace que la máquina funcione, nos sirve las tazas, las friega y cobra. Así que a la chica que tiene el alma partida de la portada le podría decir que a lo mejor para remedarla podría empezar a contemplar la posibilidad de que también se puede ser feliz allende un despacho con aire acondicionado, un armario con menos vestidos, haciendo uso del transporte público y bebiendo las mismas pintas en el pub.

Y a ustedes, los que están pensando en venirse, decirles que trabajo hay, no tan accesible como años atrás, que con el inglés se han vuelto más exigentes, es la tábula rasa y como tal no estaría mal actualizarlo; pero al final como somos muchos los que venimos a probar suerte, siempre habrá una demanda considerable para que a esos recién aterrizados se les sirva una cerveza, se les venda una bufanda, se les ponga una hamburguesa y se les friegue los platos o se les cobre la cesta de la compra.

Y amigos, los oriundos con el alma destruída porque no han conseguido el trabajo de sus sueños, todavía no se han enterado. Así que rápido.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Minivacaciones en Mallorca.



Esa foto se tiró justo cuando esperábamos al taxi para que nos llevase al aeropuerto, tras una miniensaimada y una empanadilla de atún mezclado con un insustituible café solo.

Parecemos cansados y es que fueron un par de días intensos con el cojo, Lua, su familia y la isla mediterránea.

Y casi como recién que estoy probando esto del Instagran y de cambiarle los colores a las fotos pues ahí dejo las que creo han sido las mejores para que os asoméis a lo que fueron estas vacaciones.

Mallorca y más con estos anfitriones es una isla que no podía sino dejar honda huella.

Supo a poco pero siempre mejor que sepa a poco porque así dan ganas de repetir.

Aunque el próximo trip se haya fijado para Sevilla, a esa isla hay que echarle el lazo de nuevo.

Aunque nada más sea que para probar de nuevo la mejor tarta de queso que he tomado en mi vida o para bichear una biblioteca que me han prometido enseñar.

Un abrazo taujans!!!




domingo, 16 de septiembre de 2012

Casi 365 con un Mallorquín




Mañana nos las piramos para Mallorca, a zamparnos todas las ensaimadas y quelitas que encontremos a nuestro paso.

Y vamos a Mallorca porque es el cumpleaños del Jordi.

Y el Jordi es un tipo con el que estuvimos viviendo casi trescientos sesenta y cinco días (un viaje a Tailandia impidió que se completara el ciclo)

Parece ayer cuando nos sentamos en el Black Lion a sellar un pacto entre caballeros regándolo con un par de pintas o cuando me dio la vara con lo de que su novia cocinaba que daba miedo.

Qué decir del Jordi aparte de que es un paná jugando al Risk, que adoraba los noodles de Maree, que le encanta la fashion a lo Borat, que no hace más que escuchar Limp Bizckit (o como carajo se escriba), que no entiende un pimiento de cine, que nunca friega los platos, que dice que toca la guitarra y se compra una maquinita que hace loops para repetir quinientas veces "Alvaro es gay, Alvaro es gay, Alvaro es gay...", eso sí, al ajedrez le daba unas tundas al David que teníamos al chiquillo sin comer varios días, y por supuesto como buen informático compartía ese denominador común que debe ser como un juramento que todos ellos contraen en cuanto se licencian, es decir: cuando tienes un problema en el ordenador se cruzan de hombros y sueltan la retaila de que ese no es su campo.

Entre el Jordi y yo quedó en papel mojado un proyecto para desarrollar una aplicación para los smartphones que nunca llegará a buen puerto. Pero por ahí tengo todavía el papel firmado por si el muy mamón se forra con ello.

Y para que os hagáis una buena idea de como se las gastas, justo antes de que lleguemos el nota va y se parte la pierna. Tibia y peroné.

El Jordi es un parguela de mucho cuidao.

Pero se le echa taco de menos.

Te veo pronto amigo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Fecha de caducidad.



Resulta que el amigo Bob ha sacado un disco nuevo y para la ocasión han montado en London una tienda con fecha de caducidad. En una semana se acaba, empezó hoy día diez y acaba a las ocho de la tarde el próximo dieciséis.

El disco se llama Tempest y vale doce libras. Luego tienes vinilos, toda su discográfica, camisetas, gorras, carteles vintage tal y como ellos mismos se proclaman y una armónica que no sé si con restos de saliva del genio que viene a costar unas setenta.

Está en el 47 de Beak Street, W1F 9SE

Y ahí estuvimos. El Mariano se compró el disco y casi que le hacía más ilusión la bolsa conmemorativa del evento "tienda por una semana" y el David que venía algo derrotado de tanto footing y bicicleta estaba que trinaba por una cervecita.

Nos plantamos en el White Horses, como tantas otras veces, después de deambular por varios pubs repletos de peña y buscando un aposento donde acomodarnos, al final acabamos donde siempre, de pie, en la puta calle, fumando y con una Samuel Smith

Y ahí el Mariano y yo le dimos la murga al David que acabó harto y aburrido de nuestras batallitas en la Uni. Y es que hace poco el Edu abrió un grupo de esos en facebook, lo bautizó como "Generación Filosófica del 98" con lo que el título llevaba consigo ya una errata; allí empezamos en el 97, quince años atrás que no es poco.

Así que los últimos días he vivido con un pequeño torrente de recuerdos, de nombres, de motes y rostros...

Como la tienda, la Uni también tuvo su fecha de caducidad, fueron cinco años donde de todo hubo y hubo de todo, y con el tiempo vas guardando en pequeños rincones de la memoria aquellos momentos, y los vas comprimiendo hasta que parecen que los has olvidado.

Pero a lo mismo que Mariano seguro que doblará la bolsa y conservará para siempre, y que algún día al rescatarla en alguna mudanza o descubrirla plegada en alguna maleta, se reirá del rato que posó delante de la tienda para que le sacase una foto mientas decía: "illo Davi, ven pacá con la bisi coño", esos recuerdos que una vez se arrinconaron, de repente, estallan y te dejan hueco, con las resonancias de un tiempo pasado y cojonudo.

Es por lo que escribo este blog, también por eso.

Un abrazo, compis filósofos. Y ya sabéis, si a alguno os interesa una armónica con la probable saliva de Bob, ya sabéis donde encontrarla.


jueves, 30 de agosto de 2012

En un desierto cibernético III



Me mudo, lo que implica que no voy a tener internet por un buen rato. Así que de nuevo incomunicado.

Después de 26 meses en la casa al lado del río resulta que me muevo unos 500 metros al norte. Pero aunque la distancia sea pequeña es un gran cambio.

Primero, me voy a vivir sólo con la rubia, la de australiana, esa que se ha decidido a aguantarme. Los de australia tienen fama de aventureros y doy fe de ello, aunque creo que la moza no sabe realmente dónde se mete. En definitiva, una nueva etapa en la relación que tengo ganas de estrujar.

Segundo, me separo de David, el arandino... con el que llevo viviendo cuatro años menos un mes y algunos días sueltos. Cuatro años menos un mes y algunos días sueltos dan para mucho, mucho, mucho. David, sin duda, ha sido uno de los grandes hallazgos de Londres y al final sientes un "no sé qué" de no compartir con él la balda del frigorífico, robarle los cigarritos y el pan bimbo, jalear al Madrid o tocarle los güevos cada mañana al llamarle "calvo". 

Tercero, el espacio. El sito a donde nos vamos podríamos definirlo como "cuco", pero lo cuco es pequeño y aún estoy dándole vueltas donde colgar la ropa, colocar el tablero del carrom, y qué huecos acogerán los libros. Supongo que las charities van a hacer el agosto con nosotros; porque me da que vamos a tener que donar la mitad de nuestras cosas. Pero bueno, es cuco. Cuco es taco, very cuco como dirían por aquí.

Y cuarto... no hay cuarto... literalmente, porque viviremos en un estudio.

Y quinto y último, tardaremos un no sé cuánto en volver a estar comunicados. Porque en este país superavanzado cada vez que quieres darte de alta en internet has de pasar un pequeño calvario.

Y ya va siendo hora de zanjar la excusa de mi previsible ausencia de las redes, porque en seis horas me toca una mudanza, limpiar la casa y dejar la moqueta como los chorros del oro.

Así que sin más: hasta pronto.


jueves, 23 de agosto de 2012

Gafapastas en el BFI




No creo que ningún lector tenga problemas en el reconocimiento del concepto "gafapastas" pero por si acaso podéis bichear aquí una definición bastante prolija.

Pues gafapastas hailos en todos lados, aunque yo me atrevería a cifrar sus raíces en la Barcelona intelectual post Juegos Olímpicos del 92, y en Londres estos van al cine en el British Film Institute.

Ahora mismo están en faena con un monográfico sobre "el maestro del suspense" como citaría un gafapastas, es decir, Alfred Hitchcock, el gordito calvete detrás de títulos como "Psicosis", "Frenesí", "Vértigo", "Yo acuso" y todas esas fantásticas películas que mi madre grabó en el viejo VHS cuando las pusieron casi todas en la 2... Así yo me convertí en un precoz... destructor de su filmografía porque sobre muchas de sus películas grabé encima "Oliver y Benji" "Dragon Ball Z" "Superdetective en Hollywood" y quizás hasta alguna porno de esas que daban en el video comunitario.

Recuerdo especialmente una cinta que no sé por qué razón se salvó de la quema. Quiero recordar que en cierto modo me sentía culpable y decidí guardar esa como prueba de que mi maldad no alcanzaba un grado absoluto. Contenía tres películas, porque nuestro video ultramoderno entonces grababa ya en LP: "Enviado especial" "La ventana indiscreta" y "Extraños en un tren", y no sé por qué extraña razón un día me dio por verlas, y de seguro empecé por la segunda ya que era la única en color. Desde entonces puedo decir que no ha habido ninguna película del calvo gordete que no me haya gustado. Y me maldije por haber malgastado tan preciado tesoro cinematográfico en paparruchadas que ya me importaban un carajo (porno aparte). Me lo tenía bien merecido, más en una época donde encontrar, sin el internet, con los videoclubs adictos sólo a las novedades de Chuck Norris y Stallone y sin promociones de DVDs en los periódicos, una película de Alfred Hitchcock era empresa casi imposible.

Tras esa cinta que se salvó de la quema me convertí en un cazador de sus películas y poco a poco pude ir restituyendo la colección.

Aparte de la anécdota de joven con acné adicto al cine y al video comunitario, me gustaría recomendarles a los que viven por aquí que de vez en cuando se den un vistazo a la página del BFI, que tiene su cosa ver una peli clásica de las güenas en pantalla grande. Eso sí, les aconsejo ponerse unas gafas de pasta negra y llevarse un libro para hacer como si lo leen justo antes de la proyección, si es de Simone de Beauvoir mejor que mejor y así les prometo que no desentonarán con el conjunto.

Y si van al bar cumplan con la etiqueta, nada de cocacolas, ni cervezas, el buen gafpastas bebe vino, tinto si puede ser (y no sé pierdan buscando las palomitas, no se venden ni son bien recibidas, tanto o menos que si se enteran que borraste "Con la muerte en los talones" por "Colegialas en celo aprenden inglés a pelo")

martes, 14 de agosto de 2012

Mr Adidas, Mr Samsung y Mr Coca Cola.



Ya se han acabado las Olimpiadas. El próximo año con 366 días habrá otra si el calendario Maya nos permite pasar del 21 de Diciembre de este año.

No se si a ustedes les ha mosqueado ver esa ingente cantidad de sitios vacíos en cada prueba. Ahí que ves a Phelps ganar su veinteava medalla y tienes trescientos asientos libres, Bolt convirtiéndose en leyenda viva tal y como él mismo se autoproclama y divisas centenares de asientos libres, por no hablar de la esgrima, la lucha y así con cada una de las veintitantas disciplinas olímpicas en competición.

Y es que resulta que Mr Adidas, Mr Samsung y Mr Cocacola tienen esos asientos reservados, reservados y gratis. A mi lo que me toca los huevos no es sólo que esos señores que ya de por sí tienen el dinero suficiente para pagarse esas entradas no las paguen, es que teniéndolas no vayan al evento cuando el resto de los mortales han luchado con uñas y dientes para conseguir un boleto que de lo lejos que estás lo que ves es a una hormiga cabezona dando saltos para enterarte después por el marcador que es el mismísimo Uchimura que acaba de hacerse con el oro en gimnasia artísitca.

Mr Adidas, Mr Samsung and Mr Cocacola están en un hotel en las inmediaciones hartándose de gambones y Sauvignon de Nueva Zelanda y al final prefieren verlo en el plasma de 52 pulgadas antes de que mover sus perezosos culos hasta el asiento donde lo verían en directo impidiendo así al resto de los mortales de ver el deporte que adoran, o el deporte que quieren empezar a adorar, o simplemente el deporte por el que estarían dispuestos a pagar una entrada a un precio aceptable. Pero no, esos asientos se quedan ahí libres, sin nadie que los cubra y ni siquiera tienen la precaución o la decencia de ocultarlos en los barridos de las cámara de televisión, ahí quedan sus vergüenzas expuestas y como con casi todo lo escandaloso que ocurre en este mundo: "aquí no pasa nada"

Son las entradas para las corporaciones. El comité olímpico reserva un número X elevadísimo de entradas para sus compromisos, para sus espónsores y colaboradores. Entre estos, los políticos y autoridades, los famosos de relumbrón, las sabandijas de las federaciones, quedan un par de entradas en las esquinas para el resto de los mortales.

Y yo me pregunto, no se les podría decir a esos señores algo como del tipo: oye colega, yo te doy un par de miles de entradas cojonudas, en los mejores sitios, para que cuando veas a Uchimura no veas a una hormiga con cabeza sino a un japonés cabezón, a la postre inmaculado campeón; pero me vas a dar los datos de tu tarjeta de crédito y un mes antes de la competición me confirmas que vas a asistir (porque vale que Mr Adidas, Mr Samsung y Mr Cocacola estén en el hotel de al lado, pero es que habrá muchos ejecutivos que no hayan ni levantado sus nalgas del chalet en Marbella, del velerito en Busán o de su asiento ergonómico en su despacho de Atlanta) y si no me lo confirmas yo como Comité Olímpico soberano pondré esas entradas a la venta. Y si resulta que has confirmado y al final no vienes porque los gambones, el Sauvignon o la camarera tetona brasileña que lo sirve te lo impiden, te cargaré esas entradas en tu tarjeta oro de ricachón cabrón.

Incluso haciendo uso de las tecnologías se podría llegar mucho más lejos y poner automáticamente esas entradas a la venta a un precio rebajado, en taquilla como toda la vida, si -pongamos- a la media hora del comienzo del evento los Mr Adidas, Mr Samsung y Mr Cocacola no han aparecido. Seguro que la organización esgrimiría contra esto problemas logísticos y de seguridad y todo el rollo macabeo... vale, quizás esto ya sería de una eficiencia más allá de toda comprensión humana. Pero lo de antes sería factible y el Olimpismo sería un poco más justo.

Y es que todo está muy mal hecho. David me contó que en la semifinal de fútbol entre México y Japón a la que obviamente asisitó, todo aquellos que les rodeaban les importaba tres pepinos lo que allí se estaba jugando, estaban con los móbiles, hablaban, se cortaban las uñas... todo menos ver el fútbol mientras que cientos y miles de mejicanos y japoneses y aficionados al fútbol en general tendrían que ver el partido en una pequeña pantalla sufriendo los cortes de conexión.

Y yo me pregunto: ¿habiendo viajado a la Luna y siendo capaces de detectar cientos de sustancias ilegales analizando el meado de un deportista a unas horas después de que se haya hecho leyenda viva, creo yo que podríamos organizar un poquito mejor el tema este de las entradas no?

La pena es que si al final se hiciera tengo la impresión que a Mr Adidas, Mr Samsung y Mr Cocacola que se están poniendo púos a beber vino y a apostar a ver con quién se va antes la camarera brasileña, los arañazos que supondrían el cargo de esas entradas a sus tarjetas se las pasarían por el forro con la misma parsimonia con el que ahora no mueven sus culos hasta el asiento que el Comité Olímpico les ha reservado para sus reales posaderas.

Así que todo sería igual. A lo mejor por eso es por que no lo cambian. Total, para que cambiar las cosas, si al final las cosas todas van a seguir igual.

Aunque esto último, no sé yo que no soy un experto, pero creo que encajaría mal con eso que llaman espíritu olímpico. Y ya que están todo el día dando la tabarra con eso del espíritu olímpico, no estaría mal que el propio Comité se lo empezara a aplicar un poco.

Y podrían empezar a hacerlo mostrando algo más de "fair play" con respecto al tema de las entradas.

Porque como dijo Cicerón "humano es errar, pero sólo los idiotas perseveran en el error"


lunes, 6 de agosto de 2012

El viaje americano.




Mi Londres se queda un poco más huérfana. Anibal y Duncan han empaquetado sus bártulos, han regalado lo superfluo, han rentado el piso, han dejado en préstamo algunas cosas como la bicicleta que tenemos hospedada en nuestro salón, han apretado la ropa en sus mochilas y han emprendido rumbo a América.

Pasaron la penúltima de sus noches Londinenses en nuestra casa y ahora mismo estarán en alguna playa de Cuba los muy cabrones.

Les conocimos gracias a esa cola del casting de Robin Hood que para tanto ha dado y con ellos hemos compartido los tres últimos años.

Anibal es un niño grande en continua transformación, Duncan es un malpata que siempre tiene el consejo justo en el momento preciso y a ambos se les echará mucho de menos. En pocas palabras... son genuinos, son geniales, son amigos.

Así que, pareja, que halléis vuestro camino, que sigáis siempre igual, y que a vuestra vuelta una Alphine estará aguardando... por supuesto en el White Horses.

Cheers.


jueves, 2 de agosto de 2012

La antorcha en Notting Hill.


Seguimos con los juegos.

España eliminada en fútbol y dos medallas, todavía ninguna de oro. Aunque todo esto ya lo sabréis.

En otro ejercicio de inactualidad os dejo esta foto para que os entretengáis buscando la antorcha. La instantánea muestra el relevo del fuego olímpico por su paso por Notting Hill donde me pilló a mi de improviso, el jueves pasado, justo hace una semana.

Yo que me imaginaba que me iba a resultar difícil capturar el momento ya que pensaba que lo que iba a acontecer era un muchacho corriendo que le iba a ceder la antorcha a otro; me topé de bruces con la realidad. Como epígono de la sociedad del espectáculo (véase Guy Debord) que son los JJOO, el tipo venía andando plácidamente, saludando a las multitudes, un autobús tuneado para la ocasión se detuvo y se bajo otro tipo de indumentaria similar deleitándonos con una sonrisa acaramelada, antes habían pasado varias animadoras, un autobús rojo de la conocidísima marca comercial de refresco de cola, osea, Coca-cola, un par de coches luminosos con el nuevo teléfono de Samsung, patrullas de policías, y varias comitivas de las que no puedo precisar su cometido además de la imprescindible ambulancia que supongo que socorrerá casos de quemaduras accidentales, ocasionales torceduras de tobillos y más que probables tendiditis por acarrear el cacharro en cuestión y poco más y lo que decía, que se tiraron unos cinco minutos para hacer el relevo sino más, entre otras cosas porque la nueva antorcha no prendía, luego dejaron que los niños se acercasen, los niños, las madres, los abuelos, el que pasaba por allí y alguno más -como podéis apreciar en la foto- y el nuevo corredor inició su singladura hasta que en algún otro punto no muy lejano se produjera de nuevo el multitudinario relevo. Como para perdérselo, como para que se te escapara la foto.

No dudo de que de esta manera digamos que se hace a la masa partícipe del evento, más aún si cabe porque allí se citaron el mismo número de aparatos de captura de imagen, fuera video o fotos, como número de anónimos asistentes. Pero lo que no me cabe duda que la belleza plástica del relevo se la han cargado. El hombre con la antorchita, sudando los últimos metros de su recorrido, divisando al relevista que ansioso espera recoger el testigo y acarrear el fuego olímpico hasta el siguiente corredor... eso ya es de otra era, eso ya es vintage.

Ahora, para que sea real, para que sea divertido, para que te de tiempo a sacar treinta fotos para colgar una en el facebook, otra en el twitter, otra para mandársela a tu novia y las restantes para archivarlas como ceros y unos y olvidarlas desde ya...  tiene que haber un camión de la coca-cola.

Estuvo gracioso el evento.

lunes, 23 de julio de 2012

Brixton Village



Domingo y sol. Además no trabajo. Por fin una pizca de verano.

Así que nos plantamos en el mercado de Brixton y todavía me estoy arrepintiendo de no haber comprado unos buenos chorizos para hacer lentejas o garbanzos.

Aparte de las pescaderias, charcuterías y fruterías y un par de tiendas de ropa, y alguna que otra diminuta galería de arte está el Brixton Village. Una especie de antiguo mercado de abastos donde ahora encuentras varios restaurantes y cafeterías. Hay comida china, porque comida china hay ya en todos los lados, hay comida india, porque comida india ya hay en todos los lados en Londres y nosotros probamos en un café Caribeño.

Merece la pena el paseo y luego darse un garbeo por el barrio que resulta ser el enclave de la emigración africana y caribeña. Además está conectado con la Victoria Line y se llega en un momento.

Brixton tiene mala fama, de inseguro, han tenido en el pasado algunos altercadillos y los problemas con la droga pues han llevado al barrio a asaltar varias veces los titulares de prensa. No obstante los que conozco que viven allí alegan todo lo contrario. Que es un sitio lleno de vida, efervescente y muy seguro que como todo hijo de vecino pues tiene sus sombras, pero no más ni menos que otras zonas londinenses.

Brixton mola y merece la pena un sábado o un domingo darse un garbeillo. Más si por fin el puto sol ha salido.


miércoles, 18 de julio de 2012

Yo veré los juegos olímpicos... por la tele.



Debido al quisquilloso seguimiento que el amigo de Guirilandia está realizando a los JJOO londinenses, poco nos queda que añadir desde aquí.

Parece ser que no están todo lo bien organizados que deberían, que la ciudad se va a convertir en un caos de banderitas y chichoneras, que se les conocerá como los "juegos húmedos" si este maldito verano se sigue empeñando en seguir llorando y que ni siquiera podrás acercarte a la villa -Fort Knox- olímpica porque un par de batallones, varias empalizadas y no se cuántos misiles apostados en varias azoteas te lo impedirán si no eres uno de los espabilados que han conseguido una entrada.

Creo que la idea de los juegos mola, creo que esos añejos valores del olimpismo molan también... pero cada vez que se acerca una cita olímpica me asalta con más fuerza la sensación de que no son más que una metáfora radical de los tiempos que se avecinan.

Unos pocos elegidos dentro de sus vallas, saltando de alegría y felicidad en un mundo palomitero de titanio mientras el resto de los mortales agitarán sus banderas más allá de los fusiles y escopetas que velan porque los elegidos respiren en paz... anhelando ser parte de esos saltimbanquis que nadan en jugos embriagadores de artificialidad, armados de una envidia tenebrosa, que no hace sino impedirles cambiar el mundo que se despedaza a su alrededor.

Los juegos no son libres, los juegos son un apunte más en el libro mercantil de la mercadotecnia, en la que algunos se aseguran millones y otros sufren las consecuencias en la congestión del metro, mientras la pirotecnia nos espanta del meollo del problema.

Y el meollo radica en algo tan simple... que ni nos adoramos, ni nos hacemos más fuertes los unos a otros.

Así que los veré por la tele, y al menos espero que sean divertidos. La cosa empieza bien para los españolitos, sólo hace falta ver el chiste de equipación que nos han encasquetado.

martes, 3 de julio de 2012

Tres pájaros de un tiro.


He descubierto un par de cosas en estas vacaciones.

Me llevé a la de la foto a Lanzarote. Unos tres meses atrás, soy bastante previsor, me tomé vacaciones para, en caso de que la selección llegase, disfrutar de las semifinales y la final de la Eurocopa a gusto. Y cuando se fue acercando la fecha, como mi hermana vive en una isla que está de puta madre pues quise matar tres pájaros de un tiro.

El pájaro de ver tranquilo la semifinal y final porque España no sólo llegó, sino que arrasó en último partido, convirtiéndose en un equipo que de batir records se ha convertido en un ladrillo más en la muralla de la historia.

El pájaro de pasar una semana bajo el sol, auyentando las prisas, haciendo que la barriga crezca, riéndome, bañándome a las doce de la noche con la luna ahí arriba y el mar meciéndola, vamos lo que viene a ser una semana de vacaciones.

Y el pájaro de que esa de la foto le vaya cogiéndole el royo. A España, a mi hermana, al idioma, a foiegras la piara.

Lanzarote nos recibió con kalima. Un viento o algo que trae arena y provoca que el paraíso se convierta en Chernobil. Y la kalima se quedó ahí como cuatro días. No se veían ni los volcanes en el horizonte. Así que le pusimos buena cara y nos dimos un garbeo por los espacios manriquianos, un tipo el tal Cesar Manrique, que puso en práctica en su isla esa arquitectura que te dice: soy paisaje. La cueva de los verdes, los Jameos del Agua y el Jardín del Cactus, son sitios que uno se alegrará descubrir. Al día siguiente un poco de Timanfaya, ese paraje Marciano, y por supuesto la playa. Papagayo y Playa chica. Un cocktel a las laderas del oceáno, el periódico por las mañanas y un te de vuelta a casa.

Tres días y nos fuimos a Fuerteventura, la isla de ahí abajo, con sus dunas invadiendo el asfalto en ráfagas de remolinos zigzageantes y un viento que siempre te andaba empujando. Unas lentejas, en un cuenco pequeño, hicieron que sintiera el cielo en la boca. Que bien sabe siempre lo antiguo. Y ahí anduvimos viendo fútbol, comiendo helados, yendo a mercadillos, y bañandonos a las doce de la noche con la luna ahí arriba y el mar meciéndola.

De vuelta a Lanzarote una mañana en un spa y asadero de Diego. Jir, Carla, María, Bea, cerveza tropical, bombay tónica y la carne que mi cuñao iba subiendo, que sólo algunos privilegiados pudieron  acompañar con un artesanal pan del centeno, que duró menos.

Además de todo eso me eché algunas peleas con mi hermana, solo nos enseñamos las uñas, como para hacernos entender que todavía andan ahí, jeje. Mi hermana, para quién no lo sepa, es la mejor del mundo. Y está bien de vez en cuando desempolvar los sables y tirarnos de los pelos como hacíamos hace veinte años. Rejuvenecemos.

También aprendimos a tirar sidra Asturiana y por fin probé los caracoles. Y me quemé, por supuesto, a parchetones, la de la foto le dio al spray pero no extendió la crema, diecisiete fotos lo demuestran. Y de fotos que hablamos, me descargué Instagram, como la foto donde está la de la foto también lo demuestra.

Me lo pasé a de lujo y siendo verano, lo único que faltó fue el gazpacho de mi madre.

Y como os dije he descubierto un par de cosas.

Pero esas, no se van a decir en este blog.

Tienen copyright.


viernes, 15 de junio de 2012

España contra Irlanda: fácil.



Ha ganado España y la han rescatado. O lo que digan que nos han hecho, que el léxico demagógico no lo manejo. Lo único claro, a mi parecer, es que van a poner varios dígitos aquí y allá y debido a eso a unos tipos con chaquetas y corbatas, en la tradición de los hombres grises de Momo, les amueblaremos un despacho en las mejores plantas de los mejores edificios de las calles de postín de nuestras capitales y les permitiremos colocar esos dígitos aquí y allá. ¿Mejoraremos?

No creo.

Los hombres grises comerán en los mejores restaurantes, echarán horas como negros, e intentarán que los mercados y los inversores "esas entelequias" recuperen la confianza en nuestra economía.

Y mientras tanto España gana.

Yo como sé poco de estas cosas me acojo a lo intuitivo y lo que la intuición me dice es que esos hombres grises nos conducirán poco a poco a un tipo de sociedad que he leído hace poco tiempo.

Así que desde aquí os lo recomiendo.

"Las torres del Olvido" de George Turner.

Está ubicada en Australia, que como en España, luce el sol... aunque no ganen por 0 a 4 o 4 a 0.

martes, 22 de mayo de 2012

¿Por qué juraría que nunca me pondría una chaqueta?



Uno con la edad debería aprender que formular aseveraciones tajantes sólo le van a llevar a uno a tener que contradecirse tarde o temprano.

Eso de que con la edad se aprende no es más que otra de esas grandes mentiras que más o menos todos damos por válidas.

A cada boda que voy formulo siempre la misma promesa: esta es la última boda a la que voy.

Todo deriva de una original promesa solemne que me hice a los catorce, a los quince o a los dieciséis; cuando mi credo eran las letras de Nirvana, mi uniforme unos pantalones rotos con una camiseta desvencijada y creía que el mundo se podía cambiar a base de gritos desafinados: nunca jamás vestiría de chaqueta. Y lo decía todo convencido. A cada boda que voy una bofetada de realidad me noquea, porque a todas ellas he ido con traje de chaqueta. Al final soy un pobre diablo al que le es más cómodo seguir los códigos que mantenerse fiel a sus promesas.

No lo acepto con elegancia ni mucho menos, cada vez que soy invitado a una, el enano cascarrabias que habita en mí sale a flote con todo su temperamento, durante sólo un par de momentos.

El 26 de Mayo, en Segovia, en la Iglesia de Trescasas se casan Cristina y Diego. Cristina es mi prima y Diego un tipo que sabe mucho de vinos y cócteles.

Y allí que el Álvaro se pondrá su traje de chaqueta, tras coger un par de trenes, otros tantos metros, un avión y con corbata y todo les felicitará de todo corazón a los novios para que sigan haciendo como hasta ahora: construyendo su felicidad.

Me lo pienso pasar bien, pienso comer y beber y disfrutar y estar un rato con mi familia, a los que no veo a algunos desde hace ya un par de años y qué mejor que una boda para ponerle remedio!!!

Y ahí que iré, en definitiva, encantando de romper de nuevo mi promesa de los quince años, y preparado de nuevo para nada más terminar y cuando mi aliento envenenado con alcohol se pelee contra la almohada dejar suelto de nuevo al enano gruñón y proclamar a los cuatro vientos: esta es la última boda a la que voy.

Y es que...

como todos sabemos.

con la edad no se aprende.






martes, 1 de mayo de 2012

La luz en una ciudad donde llueve.




En Londres llueve a menudo, pero más que llover, es que el cielo suele estar siempre encapotado, gris, apenas incluso puedes discernir las nubes, sino que más bien es un manto uniforme que te orienta a la melancolía.

A pesar de ello una de las cosas que me fascinan de esta ciudad es su luz, una tonalidad acaramelada que cuando el sol tiene recovecos por donde colarse, la proyecta con toda su ternura. El sol de Londres no quema, no pica, acaricia.

Y hablando de esos recovecos. Mi impericia fotográfica, unida a la parquedad de los medios, me han imposibilitado mostraros uno de los efectos con que ese manto de nubes, huecos y sol a veces nos cautivan.

Eran algo así como las cinco de la tarde. Domingo. Estaba en el White Horse, un bar de la casa de cervezas Samuel Smith. Anibal y yo hablábamos de futuros viajes, proyectos, anécdotas y de lo que la vida te da para que lo cuentes bebiendo una Alphine en el Soho.

Salí a fumar un cigarrito. El cielo encapotado, proyectando una tenue luz uniforme suficiente para distinguir con claridad la calle y sus transeúntes tal y como apreciáis en la segunda foto.  Pero más allá, en un firmamento que la misma ciudad y sus edificios te impide distinguir, unos rayos se colaban por un resquicio y apuntaban con todo su esplendor el edificio blanco, que quedaba como alumbrado, pareciendo una bastión de marmol incandescente luchando contra el paraje sombrío.

Fue un rato, el tiempo de fumarme el cigarro, suficiente para tomar estas malas fotos; que ni se acercan un milímetro a la verdadera estampa que allí se estaba produciendo.

Así que estad ciudad de lluvia, frío y notable ausencia de sol, de vez en cuando se entrometen instantáneas que le dejan a uno sin aliento.

Londres.

Y ahora me voy a tender la ropa, esa si que echa de menos al sol, que acaba de terminar la lavadora.

martes, 10 de abril de 2012

En la isla.


Hoy justo hace una semana que desembarqué de nuevo en Londres tras pasar unos buenos días en Lanzarote.

Desde entonces no he visto ni un minuto el sol.

Ya estoy de nuevo acoplado a mi rutina y he de decir que esta vez me costó un poquito más de lo habitual. Lo días allí fueron, como siempre, especiales.

No sólo porque fuera a dos cumpleaños, o a una huelga, o a un teatro en un patio al aire libre donde representaban pequeños trozos de las obras más importantes de Tennesse Williams o porque me dejará un rato tostar en la playa, o porque me bautizara, que es como llaman a la primera vez que te sumerges para probar si te mola eso del submarinismo, o porque todos los días probara comida rica, rica. Todo eso ayudó, pero lo que hace inolvidable siempre el paso por Lanzarote es la gente que encuentro allí. Especialmente los granujas de Diego y Diana.

Además esta vez hubo visita relámpago de la mujer que me parió: mi madre para mas señas. La persona que mejor me sabe cuidar del mundo entero.

Así que...

...ahí estoy...

...contando los días para regresar.

(esperando que en la próxima haya menos kalima)



jueves, 22 de marzo de 2012

De derechos de autor, descargas ilegales y libros.



Está la consabida frase de que internet lo ha cambiado todo. Y de hecho así es.

Ahora con un click puedes tener una película, un videojuego, un álbum o un libro. La pregunta es ¿cómo se paga eso? El sentido común dicta que la industria del entretenimiento/cultura se ha de adaptar a esta nueva era. El problema es que parece ser que se muestra reticente a hacerlo.

Como este es un tema tan amplio como un océano voy a hablar de los libros en particular y de la mi experiencia tanto como usuario, como de eventual productor de cultura y entretenimiento pues ahora mismo estoy inmerso en la escritura de la novela (más que inmerso, digamos mejor que estoy en la fase de meter los pies en el charco).

Empecemos diciendo que voy a Amazon o al Waterstone de la esquina y busco el libro "La marujilla de peluca rosa que quería comerse un helado de pistacho" (no existente, al menos eso creo). Es un libro con copyright y de cuya compra se benefician económicamente la tienda que lo vende, el editor, el transportista, el traductor si lo hay, el autor, el tipo que vende papel y el tipo que corta el árbol y todo el ecosistema en definitiva que ha de sacar tajada cuando un libro de papel está en una estantería listo para venderse. En Amazon me cobran once euros con el envío incluido y en Waterstone doce contando con el esfuerzo motriz de mis piernas para llevarlos allá donde quiera empezar a leerlo. No voy a valorar si el precio es justo o ajustado, no tengo ni pajolera idea.

Pero claro, como no sé si me va a gustar mucho las aventuras de "La Marujilla de peluca rosa..." tecleo y resulta que Amazon o cualquier otra tienda de libros on-line me la vende a diez euros. Aquí chirría. ¿Lo oís? Aquí no hay tipo que corte árboles (lo cual imagino que todos estaremos de acuerdo que es incluso un avance, un avance ecológico), aquí no hay tipo que transporte la madera, ni que la transforme en papel, ni que corte el papel y lo imprima con caracteres, ni quién lo lleve a un centro de distribución para alcanzar finalmente el almacén de la tienda on-line o la estantería de la librería tradicional, por no haber no está ni el adolescente ojeroso con resaca empleado a tiempo parcial mientras estudia un master en dirección de empresa que realiza la operación de transacción entre el dinero y el libro (bon voyage a aquellas librería cuyos empleados sabían al menos lo que era un libro).

Y claro, aunque el IVA en los libros electrónicos sea notablemente superior, no creo que ese euro que me ahorro en comprar su versión digital sea la tajada de beneficio que sacan todos los demás involucrados en venderme la versión en papel (ni el leñador ni el adolescente resacoso ven un céntimo de esos once euros, ni el conductor del trailer que los trae a Londres). Así que tengo la sospecha de que me cobren un sólo euro más barato la versión digital de un libro que la versión de papel es un timo. Me están timando. Más aún si cabe que sólo escribiendo "La Marujilla de peluca rosa... PDF" lo tengo accesible a la distancia de un click y completamente gratis. Aquí ya nadie cobra ni saca tajada, a los sumo si el sitio desde el cual te lo descargas pertenece a un jeta que usa la publicidad en su portal para lucrarse del trabajo de los otros.

La industria se tiene que poner las pilas y principalmente no tomar a sus clientes como gilipollas. Y si el precio de un libro electrónico no puede bajarse de once euros y ese es el precio más competitivo que la industria puede ofrecer, es que la industria está ya de entrada completamente obsoleta y que irremediablemente acabará muriendo. Aunque más que obsoleta, todo indica a que simplemente tiene la caradura de querer sacar una tajada extra con la venta de libros electrónicos a costa del usuario, del lector, del tipo que quiere leer el libro. Eso o que simplemente está acojonada con los nuevos tiempos y en vez de coger el toro por los cuernos, prefiere mantener artificialmente la hegemonía de un sistema que si que está claramente obsoleto. Y como futurible autor que soy, lo mismo. Si al final acabo mi novela, la publican y cualquier tienda la pretende cobrar sólo un euro más barato en la versión digital que en la de papel, con todo el dolor de mi corazón entenderé que mi posible lector diga "al carajo" "si aquí lo tengo gratis" "click, click, click" y que los beneficios de mi novela no den ni para café. En definitiva, mi cabreo no iría encima contra el tipo que me quiere leer, sino con la industria que lo toma por gilipollas.

Así que, resumiendo, creo que el primer paso que la industria debería emprender para evitar las descargas ilegales es no tratar a sus usuarios como gilipollas. Y creo que la mejor manera que tiene el usuario para corregir que le traten como gilipollas es tomar gratis aquello que le están sobrecargando con la esperanza de que la industria comprenda finalmente que los usuarios no son tan gilipollas como para tragarse que un libro electrónico sólo puede costar un euro más barato que en papel.

El segundo paso que podría emprender la industria sería el de la agilidad. Ejemplo que me pasó hace no poco. Estaba relativamente interesado en un libro de ciencia ficción, Mindscan de Robert J. Sawyer. Lo quería ojear más que leer, descubrir cómo el autor había escrito la novela, quizás tomar un par de ideas, en definitiva usarlo de documentación para lo que yo ahora mismo estoy escribiendo. No quería gastarme una pasta, no soy rico, en un libro al que unicamente utilizaría como consulta, además como éste podría resolver una serie de dudas que tenía en aquel momento sobre mi propia novela, lo quería lo antes posible.

Voy a Amazon y para empezar sólo tienen la versión papel, bastante cara por cierto y con un envío de tres días si pago un pellizco más o uno de una semana si lo quiero gratuito. No quiero esperar así que sigo buscando en los diferentes Amazon y lo encuentro en su versión para Kindle en Amazon España y en inglés (ni siquiera traducido), pero bueno como vivo en Londres y ya me ha dado tiempo a comprender el idioma de las islas, no problemo. Entonces dos obstáculos se me presentan, uno ético y otro insalvable. El ético, que creo que me están tratando como gilipollas al querer cobrarme más de lo que estimo que es el valor de un libro digital, más aún cuando en realidad ni estoy interesado en leerlo, sólo quiero ojearlo por encima. Pero bueno, accedo, lo voy a pagar; todo sea para que el tal Sawyer se pueda tomar un café. Salvado el obstáculo ético, viene el insalvable. Resulta que no lo puedo comprar.

Mi kindle está localizado en Uk y no puedo descargar libros desde Amazon españa. Como me parece inaudito escribo un correo al departamento de atención al cliente de Amazon exponiéndoles mi perplejidad de que desde Gran Bretaña no pueda comprar un libro digital en inglés pero que si está disponible, en inglés, en España. Me responden que es una cuestión de la editorial, que da el visto bueno para que se venda en digital en España pero que no en el Reino Unido y que la única opción que me dejan es clickear en una especie de "solicitud" que ellos le pasan a la editorial para advertirles de que hay usuarios interesados en que se les venda la versión digital en Reino Unido. No se ustedes, pero a mi esto me parece de risa. ¿Cuánto tardé en darme cuenta de que no podría descargar el libro en mi kindle, buscarlo en los distintos Amazons, escribir el correo, esperar la contestación y todo sobre un libro que ni siquiera quiero leer, sólo consultar? Fueron en total unas dos horas. Cuanto hubiera tardado en descargarlo desde un portal y tenerlo completamente gratis en mi ordenador: cinco minutos.

Si ilegalmente y gratis puedo tenerlo en cinco minutos, las editorial de los cojones, ya no es que me lo cobre a un sobreprecio tratándome como un gilipollas, es que ni me lo vende.

Internet le brinda la posibilidad a la industria de ser ágil, es su problema si no quiere serlo.

Innovación. Aparte de que la industria no nos tome por gilipollas y eventualmente fuera más ágil y accesible que la descargas ilegales para precisamente combatirlas, la industria debe innovar. Ya sabéis que estoy escribiendo una novela, para escribir hay que leer mucho. He comprado ya varios libros: "beggars in Spain", "Flashforward", "La ciencia de lo imposible", etc. Y voy a tener que comprar más. Resulta que en mi casa descansa de mi tiempo universitario la obra en cuatro volúmenes de Martin Campbell: "Las máscaras de Dios". Son como cuatro mil páginas en cuatro ladrillos que podrán pesar cinco quilos. Está claro que no quiero leerlo de cabo a rabo, sino ojear varios capítulos los cuáles sé que me van a ser de mucha utilidad para producir a su vez cultura. Ya los compré en su momento, pero está ahora como a un par de miles de kilómetros de distancia y no me voy a gastar de nuevo los cien euros que cuestan para releer un par de capítulos.

Están las bibliotecas, puedo ir pateando de biblioteca en biblioteca hasta que de con ellos, incluso algunas puede incluso que tengan colgado su catálogo y me ahorre la caminata. Los libros aparte de ser un medio para que mucha gente se gane la vida, son cultura a su vez, son herramientas que otros usan para producir más cultura. No da lugar aquí al debate de si la cultura debe ser libre o no, gratis o no, lo que me pregunto es si es lícito que me gaste de nuevo cien euros en unos tomos que ya tengo pero que por circunstancias de la vida ahora están lejos de mi, más si cabe si sólo los quiero consultar. De la que se deriva la siguiente cuesitón: ¿hay medios técnicos hoy por los cuales yo pudiera acceder de forma sencilla a unos libros que ya he comprado o que sólo quiero consultar? Si, los hay, otra cosa es que la industria quiera innovar.

Por qué no cada vez que te compras un libro en papel te adjunten una copia en digital que pudieras almacenar en una "nube" o en tu propio ordenador y tenerlo allá donde estés. O por qué no una asociación tipo librería virtual que pagando una tasa anual, mensual o lo que fuera, tuvieras a tu disposición un vasto catálogo que consultar... no libros para pasar el rato en el metro, libros sobre antropología, historia, psicología, física, libros que te ayudasen a generar más cultura, a investigar, a producir nuevas ideas, en definitiva, como dice la canción, para cambiar el mundo.

Y lo mismo que con la agilidad, si la industria no innova, es su problema.

Así que no me jodas industria, si quieres evitar las descargas ilegales, y en definitiva, si quieres sobrevivir, no me trates como un gilipollas, se más ágil y por favor, innova; que si algún día me convierto en autor quiero tener al menos para tomarme un café.



jueves, 1 de marzo de 2012

La edad de cristo.



Por ahora unas ochenta y seis felicitaciones en facebook a las que he contestado puntualmente una a una, nueve emails, una tarjeta de proveniente de Australia, ocho whatsapp, once llamadas, un poco de cash, una muela menos, una carta que vino volando desde Katowice, un carrom, un whisky Jameson de los del trabajo y alguna que otra felicitación face to face.

He seguido unas pocas tradiciones. Me han tirado de las orejas, he repartido caramelos en el colegio (bueno, en las clases de español que estoy dando y en el curro que eso si que es como el colegio) y por supuesto he tenido fresas; que es desde chiquitito la forma que tenía mi madre de celebrar la llegada de mi cumpleaños. Y es la que más ininterrumpidamente se mantiene.

En definitiva está siendo un buen cumpleaños.

En cada efeméride le doy un poco al coco, no más de quince minutos, que se de sobra que darle al coco mucho es contraproducente. Utilizo catorce de esos quince en repasar someramente el año, y ver si las cosas que me dije 365 (66 en este caso) días atrás más o menos se han cumplido. Me quise tomar la vida con más calma y dejar un poco de lado la nocturnidad y la alevosía y es algo que he conseguido con creces y me propuse también tomar un rumbo, fuera cual fuera, pero rumbo; y con lo de la novelita y las clases de español creo que ahí ahí estoy en ello. Puedo dar, pues, el saldo como positivo.

El minuto que resta se concentra en recordarme a mi mismo lo suertudo que soy, en general, con una muela menos, a tocarme la cabeza que es pura madera y desear que todo siga igual, al menos que no cambie lo más importante: ustedes.

Así que desde aquí, a todos, gracias. Y a los que no se acordaron, pues nada, gracias también, que estoy seguro que algún año me olvidaré yo si no lo hice ya; no me lo tengáis en cuenta.

And Maree you are freaking awesome, thanks to remember the strawberry tradition and spoilt me with them!!!

martes, 28 de febrero de 2012

Una danza incorpórea de acercamiento a Katowice.



¿De qué material está hecha la amistad? Cuál es su composición, o su estado. ¿Es la amistad gaseosa? ¿líquida? ¿sólida? Cómo crece, qué cauces y pautas transita en su desarrollo, cómo se transforma, ¿es posible enumerar sus diversas formas de disolución?

A la amistad no se le puede someter a un análisis químico.

Amigo desde los pañales o desde cuando intercambiabas cromos de futbolistas, o desde que vais juntos andando al conservatorio, amigos desde el primer cigarro furtivo o desde la borrachera cantando "Losing My Religion" en el Tierra, tu primer amigo del trabajo, tu primera amiga, tu mejor amiga, tu socio, tu compadre, la secretaria, el tio con el que llevas viviendo tres años, el tipo con el que te viniste a Londres, al que acabas de conocer o con el que casi cada semana buscas un pub para tomar una pinta. La amiga que conociste a través de otra amiga que conociste haciendo cola para un casting. El amigo que se fue, el que no llegó; al que solo con una sola mirada cómplice entiendes, con el que siempre discutes, con el que no tienes nada que ver, o a los que son fotocopias.

Con una sola palabra, amistad, al final encorsetamos una gama infinita de variaciones que denuncian lo fútil del intento de encorsetarlos, precisamente, en una sola palabra.

Nada nuevo, a la amistad, o a las relaciones que espontánemamente identificamos como de "amistad" son tan vastas, gigantescas y distintas que cualquier intento de definirla y en consecuencia, domarla, es desde su principio una aventura suicida.

A ella la conocí en el trabajo. Durante casi un año coincidíamos a veces cuatro días con regularidad en la misma semana. Nunca tomamos muchos cafés juntos, alguna que otra vez corrimos una juerga con los del curro, donde las amistades no son más que sumas. Tuvimos un par, dos o tres, conversaciones personales... y no me refiero a esos entremeses de treinta segundos donde una especie de cortesía te obliga a preguntar como está la vida, el novio, o la familia; me refiero a conversaciones largas, una vez incluso con una pinta, conversaciones de mesa de por medio. Ya empezaba a saber algo de su biografía, a conocer algunas manías, defectos. Y estoy casi seguro que si ella o yo hubiéramos cambiado de trabajo, o alguno se hubiera mudado a otra ciudad, nuestra amistad se hubiera ido disipando poco a poco. En las amistades que brotan entre extranjeros en Londres abunda una pauta común, una peculiaridad: el tránsito.

No con eso digo que nuestra amistad fuera insustancial. No creo que la calidad de una amistad haya de permanecer siempre unida al parámetro de la duración. Creo que algunas amistades se convierten en gaseosas, que desaparecen, pero que de algún modo aún siguen ahí, dispuestas a solidificarse a la menor señal.

Natalia y yo éramos compañeros y amigos. Una amistad aún tierna, elaborándose todavía. Pero Natalia cambió de ciudad. De repente se mudó. De la noche a la mañana ya no volvería a Londres, al menos por un tiempo prolongado.

Aunque esta vez, la peculiaridad no se cumplió. Es decir, nuestra amistad ni siquiera se ha gaseosificado.

Y acierto al decir que ahora me siento más cerca de ella que antes, como cuando cada día que la veía la tiraba un poco del mal genio. Quizás a la amistad se la pueda considerar como danza incorpórea de acercamiento.

La foto de ahí arriba es mi primer regalo de cumpleaños de este año. Es una especie de poesía vital y con mucho sentido del humor, además de una postal de Katowice, según ella la ciudad más fea de toda Polonia y a la que tuvo que volver forzosamente a instalarse.

Así que con esta breve reflexión sobre la amistad y de exhibición de la nuestra, lo que quiero decirte Natalia es simplemente que gracias. Y es que con ese punto egoista que toda amistad para que sea tal, ha de conllevar, he de decirte que tú como amiga me das mucho, me enseñas, y gracias a ti y a lo que el mantenimiento de nuestra amistad supone, mi inspiras a encarar la vida desde otra perspectiva, y no me equivoco si la etiqueto de más sabia.

Eres un regalo, gaseoso, líquido y sólido.

Un beso guapa.