domingo, 7 de julio de 2013

Victoria Embankment Gardens





Los Victoria Embankment Gardens son sólo un puñado de los más de 100 kilómetros cuadrados de parques que hay en Londres.

Se encuentran ahí escorados, a un costado de la calle que une Charing Cross y Embankment Station.

Como todos los parques londinenses tienen mucho verde, florecitas, si hace sol te encontrarás un montón de peña comiendo al aire libre, a las chicas peleándose con sus faldas para que no se les vea las impudencias y a los chicos intentando no romper los pantalones baratos del traje que compraron en una oferta dos por una, corbata de regalo, por supuesto tiene una cafetería y los celebérrimos bancos de madera dedicados a aquellos que han pagado por ello, así que es posible que te estés sentando sobre la memoria de Mildred Nicholson o sobre John McIntire. Vamos, lo que decía, un parque típico de Londres.

Pero hace ocho años fue algo más.

En 2005, un día como hoy, de hecho el mismo día de hoy, se convirtió en el Memorial para los familiares de las víctimas de los atentados de Londres. Cuatro ignorantes, rabiosos, radicales, sanguinarios y demasiados imbuidos en fantasías de paraísos y recompensas celestiales sacrificaron su vida para que otros cincuenta y dos murieran, dejando 700 de heridos de propina y miles de vidas quebradas por el dolor y el miedo.

Las repercusiones de esos atentados son y fueron muchas, aún hoy las padecemos y lo que nos queda. Nos han embarcados en guerras irracionales, nos han espiado y espían, han recortados sibilinamente nuestros derechos e incluso por culpa de los mismos tienes que cargar con la basura todo el tiempo porque no hay una triste bolsa en el metro. Mentira, ahora tímidamente, empiezan a reaparecer.

El odio sigue ahí fuera, y a mi me parece que con nuestra respuesta no hemos hecho sino que acrecentarlo. Ojalá esté equivocado.

Ojalá ningún otro parque en el mundo se tenga que convertir en el lugar donde las familias de las víctimas vayan a regarlo con sus lágrimas.

Ojalá un día podamos encontrar el libro de instrucciones correcto, que nos permita convivir en paz. No creo ni que hayamos empezado a escribir las primeras líneas.

Mientras tanto no está de más escuchar buena música. Cada día, durante el verano, una banda toca en él gratuitamente. Puedes encontrar el programa aquí.

El otro día me topé con una banda de Arkansas. Estuve disfrutándolos el tiempo de un café, admirándome cómo de fuerte se imprimen en algunos las ganas de vivir.