jueves, 14 de octubre de 2010

La cospiración del gremio de la costura.



Ayer el Osman y yo vimos "Antes del Amanecer", Osman ahora okupa mi cama, bueno, media cama. Ibamos a ver "El caballero oscuro" pero como es larga y tal, decidimos optar por las otras dos del DVD, o "Noche en la tierra" de Jarmush o la que finalmente vimos de Linklater. Quería haber visto hoy la secuela "Antes del atardecer" pero se me ha echado el tiempo encima, así que me dije, bueno, escribe algo en el blog.

Por cierto, vi "Antes del Amanecer" con 16 o 17 años y me pareció un rollete, supongo que la edad hace que rolletes del pasado se conviertan en buenas películas en el presente.

¿Y por qué se me ha echado el tiempo encima?

Por unos calcetines y un problema de tallas.

Salí a comprar calcetines gordos (y sin agujeros) para mi próximo viaje a tierras heladas. Que por cierto, vaya el notas de la tienda, estaban los calcetines detrás del mostrador, me pongo a tocarlos y casi me mata con la mirada "Are you all right?", si joder, que no me los voy a mangar cojones, solo estaba comprobando el grosor. Al final 6 pares negros nikes por 12 libras, gordos y sin agujeros.

Y luego, como tenía algo de tiempo, me dije: voy a echar un vistazo a los abrigos. Eso ha supuesto cinco tiendas y grandes dosis de mala ostia, que me ha hecho recordar por qué odio tanto ir de shopping. Al menos no estaban petadas. Y la cosa ha sido que me gustaba un abrigo, cogía la L y me estaba grande, cogía la M y me estaba chica. Luego en otra tienda, me voy directamente a la M y me está grande, así que cojo una S y me está chica. Y en la última, ya la repanocha, la M pequeñísima, la L pequeña y no había XL. Me cago en la puta ¿cual es mi talla?

Y ahí en la quinta tienda ya es cuando exploté. Una de esas efímeras explosiones de mi genio que a la lituana o polaca o rusa que estaba a mi lado le ha pillado un poco por sorpresa, claro que un tío intentándose quitar un abrigo sin conseguirlo del todo comience a proferir disparates en una lengua extraña, es cuanto menos para que te miren de forma rara.

-Me cago en la puta ostia, pa que coño ponen tallas, la ostia, esto es una mierda, no vale pa na, joder, mierda de abrigos de los cojones. Me cago en los muertos de los hijosdeputa que hacen las tallas!!!

No es una reproducción literal de lo que solté, pero seguramente bastante aproximada.

Luego con una carcajada solucioné el problema diplomático con la Rusa o lituana o polaca. Pero vamos, que no se quedó mucho más tiempo a mi lado, quizás temiera que en uno de esos arranques le tirara un abrigo a la cabeza.

Pero es o no es verdad que las tallas, en Londres, Madrid, Pekín y Kuala Lumpur son un keo?

Yo entiendo que la costura no sean matemáticas, pero que mi talla oscile de la L, pasando por la M, a la S, ya es quedarse un poco con el pueblo. Joder, cada vez que voy de tiendas, más me admiran las personas que aguantan estas torturas con gusto.

Por que yo creo que el girigay este de los cojones con las tallas es un conspiración del gremio de la costura para que te tires siete horas en vez de quince minutos en sus tiendas probándote ropa. Fijo, vaya.

Total, que al final ya me había dado por vencido, y de mala gana entré en una de esas de segunda mano. 36 libras, me queda un pelín grande, pero cuando me ha importado a mí ir haciendo el fantoche. Y como en estas tiendas ahorran en recursos, la etiqueta no tenía talla. Así que no sé si es una L,M o S. Pero ya tengo abrigo, y calcetines sin agujero para ir a Helsinki.

Y por cierto, sigo pensando lo que pensaba con 16 o 17 años (hay cosas que no cambian con la edad) si yo fuera el dictador del universo: TODOS DE UNIFORME.

Estoy escuchando el Neon Bible de los Arcade, tengo que ir retomándolos que pronto es el concierto. Y nada más, como, me corto las patillas, friego y al trabajo.

Ah, y por cierto, el Osman vuelve esta noche otra vez a dormir conmigo.



Today I wanted to buy a coat but It was so difficult because depend of the shop the size is diferent. Bullshit. Finally I got it, after two hours and try at least twenty coats on.

miércoles, 13 de octubre de 2010

A grandpa in Lyric Square.


If you have good friends who speaks English so much better than you, and if he has some free time, jajajaj, you are getting your personal "google traslate". Jorge, quillo, thank you very, very, very much. I appreciate it big time.





Lyric Square, Mr. Grandpa has just got out of M&S after buying some crackers to go with the old extra mature cheddar that remains in the fridge, some cherry tomatoes and Minestrone soup. Enough to spend another evening in the solitude of his chair and doze with the background noise of Dickinson's Real Deal on ITV. He has also gone out to buy some batteries, but as usual he will get them in a 24 hours shop where they they are about fifteen pence cheaper. He needs them to feed the radio he always carries with him. Mr. Grandpa can not live without the radio, was born on September the 2nd, in 1939, a day before Britain declared war on Germany and his mother always remembered the way his tears broke the silence that had taken possession of that great room when the last words of the First Chamberlain radiated speech called upon all subjects of the Crown encouraging them in the fight against Nazism. His crying was installed in the heart of all present, as a dire premonition of what they might expect in the coming years.

Mr. grandpa following the inevitable course of life, was then a kid and broke his wrist a couple of times emulating Ted Ditchburn, his idol, the goalkeeper with whom the Lilywhites won their first league title in 1951, later a young man who tried to go to college to study chemistry for which he worked as a kitchenporter in an Italian restaurant, Bertorelli, in Covent Garden, or as a cleaner sweeping the stalls of the Queen's Theatre in Shaftesbury Avenue, but it never was enough and finally he accepted, through one of his brothers in law, a job at Tesco in Leicester which in 1961 entered the Guinness Book of Records for being the world's largest supermarket. Mr. Grandpa worked 43 years for Tesco. That's why he always buys in M&S. He also got married, he could almost say that he loved his wife, with her he had three children to whom, by ten years of tight belt, he was able to pay them the university. None of them was a chemist. He has six grandchildren, had two dogs, three cars and a watch. An Omega Seamaster bequeathed to him by his father, who received it from his grandfather, who traded it for ten ounces of tobacco in some forgotten trench of northern France during the First World War. Michel was the name of that young soldier from Marseille. Mr. Grandpa received that watch the day he returned from military service and took it off just once, when a doctor three times younger than him made him get into a TAC to fight his prostate cancer. The cancer was defeated, but left him tied to a crutch, for each new path he wanted to undertake in his life.

Mr. Grandpa is widowed, he manages to survive on a pension and his stories are no longer fascinating for his grandchildren. He's basically alone.

And his watch has just stopped.

For the first time in 53 years. Just when he was buying a croissant at the Brera coffee shop, owned by Fabio, the son of a lifelong friend, he met when he used to wash the dishes at Bertorelli in Covent Garden. Fabio's father never got over his cancer.

Stunned, Mr. Grandpa has taken a chair and, perhaps by mistake or blunder, has dragged it into the middle of the square. And there he stayed for ten minutes. Staring at the Omega Seamaster.

In Lyric Square a policeman is fining another crazy old man, an old man clinging to a dull watch, and bored he listens to him repeating again and again and again the same sentence.

"My name is Michel Woodman, I wanted to be a chemist, and I have to buy some batteries."

Un abuelo en Lyric Square.



Es Lyric Square, el Señor Abuelete acaba de salir de comprar en el M&S unos crackers para acompañar el old extra mature cheddar que le queda en la nevera, unos tomates cherrys y una sopa Minestrone. Suficiente para pasar otra tarde en la soledad de su butaca y dormitar con el ruido de fondo del Dickinson's Real Deal en la ITV. También ha salido a comprar un paquete de pilas, pero como de costumbre las cogerá de en un 24 horas donde las venden a unos quince peniques más baratas. Las necesita para alimentar el transistor que siempre lleva consigo. El Señor Abuelete no puede vivir sin la radio; nació el 2 de Septiembre de 1939, un día antes de que Gran Bretaña le declarara la guerra a Alemania y su madre siempre le recordaría como su llanto rompió el silencio sepulcral que se había apoderado de aquella gran habitación cuando las últimas palabras del discurso radiado del Primer Chamberlain exhortaron a todos los súbditos de la corona a armarse de valor en la lucha contra el Nazismo. Su llanto se instaló en el corazón de todos los presentes, como una funesta premonición, de lo que les cabía esperar en los años venideros.

El Señor Abuelete siguiendo el curso inevitable de la vida, luego fue un crío y se partió un par de veces la muñeca emulando a Ted Ditchburn, su ídolo, el guardameta con el que los Lilywhites ganaron su primer título de liga en 1951, más tarde un joven que intentó ir a la Universidad para estudiar química y para lo que trabajó desde fregaplatos en un restaurante italiano, Bertorelli, en Covent Garden, a barriendo el patio de butacas del Queen´s Theatre en Shaftesbury Avenue, pero los peniques nunca llegaron y acabó aceptando por medio de un cuñado un empleo en el Tesco de Leicester que en 1961 entró en el libro guiness de los records por ser el supermercado más grande del mundo. El señor abuelete trabajó 43 años en Tesco. Por eso es que siempre compra en M&S. También se casó, casi pudo decir que amó a su esposa, con ella tuvo tres hijos a los que con diez años de cinturón apretado pudo pagarles la Universidad. Ninguno fue químico. Tiene seis nietos, tuvo dos perros, tres coches y un reloj. Un Omega Seamaster que le legó su padre, que recibiera de su abuelo que lo intercambió por diez onzas de tabaco en alguna trinchera olvidada en el norte de Francia durante la primera guerra mundial. Michel era el nombre de aquel jovén soldado marsellés. El Señor Abuelete recibió ese mismo reloj el día que regresó del servicio militar y se lo quitó una sóla vez, cuando un doctor tres veces más joven que él le obligó a meterse en un TAC para luchar contra su cáncer de próstata. El cancer fue vencido, pero le dejó atado a una muleta, para cada camino que de nuevo emprendiera en su vida.

El Señor Abuelete es viudo, alcanza a sobrevivir con una pensión y sus historias ya no apasionan a sus nietos. Está fundamentalmente sólo.

Y se le ha parado el reloj.

Por primera vez en 53 años. Justo cuando compraba un croassant en el café Brera, que regenta Fabio, el hijo de un amigo de toda la vida, que conociera cuando con él fragara los platos en el Bertorelli de Covent Garden. Fabio padre nunca superó su cáncer.

Aturdido, el Señor Abuelete ha tomado una silla y quizá por desatino o desaliento, la ha arrastrado hasta el medio de la plaza. Y allí quedó durante diez minutos. Contemplando fijamente su Omega Seamaster.

En Lyric Square un policía está multando a otro viejo loco, un anciano que se aferra a un deslucido reloj de pulsera, y escucha aburrido como repite una y otra vez, una y otra vez siempre la misma frase.

"Me llamo Michel Woodman, quise ser químico, y he de comprar un paquete de pilas".


***



Ayer murió Manuel Alexandre. Y cuando me enteré, recordé que tenía esta foto y me fue viniendo esta historia a la cabeza.

Manuel Alexandre is one of the best spanish actors ever. He died yesterday. And I have written a short story as a tribute. Sorry but I can´t traslate that story into English.

martes, 12 de octubre de 2010

Happy Guy.

happy guy from calvanki on Vimeo.


Ok, es un colgao, pero en cierto modo me da cierta envidia.

Y se le ve feliz.

All right, He looks like a borderline but I think he is happy and what do you want more than happiness?

domingo, 10 de octubre de 2010

Cuando uno debe un video.

Los que seguis o habéis seguido el blog habréis advertido que ya no me curro mucho los videos. El motivo es muy simple: vagueza.

Podría argüir que me robaron la cámara, que mi ordenador tiene alzheimer, que ha sido atacado por una horda de virus de los que todavía convalece y que quizás sienta que ya no quiero "perder" el tiempo montándolos.

Pero me quedaba uno por hacer. Se los debía.

Justo vinieron cuando más necesitaba un "brake" y fueron cuatro días inolvidables.

Ellos son, Marta y Dani por Londres.

My friends Marta y Dani. They are the best.

Por londres from calvanki on Vimeo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El húngaro que quería reparar su casa.



Hay un tipo nuevo en el trabajo. Tendrá unos cuarenta. Es húngaro. El nuevo Kitchen Porter. El fregaplatos vaya.

Es un tipo que me inspira cierta ternura. Trabaja como un animal, con esa furia con las que trabajan los que de verdad necesitan el trabajo. Y además de en éste curra en otro sitio y se levanta unas 60-70 horas a la semana, cobrando unas míseras seis libras por hora (a descontar impuestos)

Creo que es un tipo sensible, siempre tiene una sonrisa y constantemente leo en sus ojos esa mezcla de temor, ansiedad, que producen no dominar el idioma en el que los demás hablan.

Creí entender hoy, un rato que estuve medio charlando con él, que vino a trabajar como un mulo para reparar su casa en Hungría. Está casado pero no tiene hijos y echa de menos a su mujer y a su tierra. Luego me dijo que pretende quedarse cinco años, lo que no entendí, porque si se va a tirar cinco años es que su casa debe ser un palacio. En algún momento tuvo que haber un malentendido idiomático; nada del otro mundo cuando es un tipo que al despedirse hoy de mí mientras estaba fuera fumando un cigarro va y me suelta: Hello.

Eso fue un rato después de que fuera preguntando por ahí a todo el mundo si alguién sabía hablar croata, que él podía hacerlo, buscando inútilmente alguien con quién poder comunicarse.

Luego está Alí, un indio nacido en Pakistán o al revés, no me acuerdo, que es nuestro driver, el repartidor. Un tipo jovial. También sesenta-setenta horas a la semana en dos trabajos. Está ahorrando porque viene su mujer y la quiere tratar como una princesa. También no más de seis libras a la hora.

Y luego está la foto, donde aparte del hippie con el pelo verde o azúl, al fondo véis a dos o tres bomberos que a las doce de la noche tienen que salir disparados, poner una escalera en medio de la calle y forzar una ventana. El motivo, no tengo ni idea. Y no creo que arriesgaran la vida, pero llegado el caso lo harían.

¿Y por qué cuento todo esto? Sencillo, no mucho más abajo, me quejaba de mi jornada laboral, que está siendo dura, pero es transitoria.

Qué cojones!!!

Bueno, y no sé, supongo que un pequeño giño, o humildísimo homenaje a todos aquellos que trabajan a destajo, sin respiro, sin descanso, para reparar casas en Hungría o para tratar a sus mujeres como princesas o por aquellos que levantan escaleras a las doce de la noche.

Talking with some colleagues I have just realized that I shouldn´t complain about my eleven consecutive working days. There is always people who work more.

lunes, 4 de octubre de 2010

Se el cambio que quieres ver en el mundo.




Una cita de Ghandi en la City.

El Señor Mahatma empieza a tocar las pelotas al mismísimo imperio británico con todo eso de la resistencia pacífica, la no violencia y las huelgas de hambre como proyectil contra la tiranía colonial.

Mahatma las tocó tanto que hasta las reventó. Independencia, pérdida de la colonia insigne, caída de un Imperio... luego ya se sabe, y si no se sabe, la wikipedia.

Y ahora utilizan una de sus citas en unas de esas vayas que se colocan para impedir la inspección pública en la cimentación de un nuevo edificio.

No sé a ustedes, pero a mi ver una cita de Ghandi en medio de esa milla cuadrada conocida como "The City" en la que cada día se mueven billones y billones de dineros (libras, euros, dólares e incluso sestescios) se me antoja obsceno.

No, obsceno no, pornográfico.

If Ghandi was the guy who fights against the tyranny and now a days money is the bigest and worst tyrant, I think that use a quote from him in the City is something like pornography



viernes, 1 de octubre de 2010

Las no disculpas y los 3 jandre que no fueron 3.



Son las 1:41 y me siento invadido por la morriña. Escucho el programa Cineclub

Cineclub, 24 de septiembre de 2010

a través de su blog, y la pausada melodía de la voz de la "Cabeza en la Puerta" instan a que muchos de mis recuerdos ligados a esos domingos (a veces viernes, a veces martes, a veces...) en los que pasábamos alrededor de una hora despotricando sobre y por el cine, a que se arrumben en mi costado y se vayan derramando.

Es Septiembre y como ya le comenté a un amigo por mail, septiembre es melancolía.

No me voy a disculpar por no haber escrito en el blog. Lo siento por no sentirlo en todo caso. Es un atisbo de chulería pasajero, no más.

El motivo es que estoy trabajando como un animal, animal ligado a la familia de los borricos. Apenas tengo dias libres, por no decir que no tengo y aunque no valga como justificación, al menos alimenta cierta coartada.

Pero vamos, que paso aquí de quejas y lamentos.

Deciros que en los últimos tiempos he atendido a Claudia Schiffer, mucho más alta de los que parece en la realidad, esa si que es una buena jaca; además de a Ron Dennis, ese que tanto por culo dio a Fernando Alonso en su etapa de McLaren. La primera fue un lunch que parecía de negocios, el otro sólo se tomó una copa de champagne.

Tambíen el otro día hice una propina de 300 libras o 3 hundred (pronunciado así en mala manera como jandre). Si, 300 libracas para una business party de 13 comensales para una cuenta de 421 libras. El tío apalabró que la cuenta se quedara en 721. Después me dio dos besitos y me invitó a seguir con ellos, ya que había sido su camarero en exclusiva, a un after business party en el Ritz de no sé donde por allí cerca. No fui. Eso fue un domingo. El lunes, día de reparto de propinas previo pago de las taxes (impuestos), pues todos nos hicimos con nuestros sobrecitos considerablemente engordados gracias a ese postre de última hora. Pero resulta que alguién llamó o envió un mail hablando de "misunderstanding" y ocurrió que la propina se puso a dieta, sin proteinas, y se quedó en sólo un jandre.

¿Es o no ruín hacer que unas cincuenta personas saquen dos o tres días después de sus "sobres" dos, tres, doce o quince libras cada uno para completar los dos jandre que los chicos de la after business party en el Ritz quisieron dejar?

Os ahorro intentar leer de nuevo la prolongada pregunta para entenderlo y poder calibrar así una respuesta.

Es ruín, rotunda y sencillamente.

Y nada, deseando que llegue el 18. Mis vacaciones en un pais lejano y frío, pero con dos de las personas que más pueden calentar mi ánimo. Contando los días estoy.

Y la elección de la foto esos tés es debido a que son esos los tés que he de tomar para afrontar el maratón que tengo por delante: 11 días seguidos trabajando.

Vivan las vacaciones de los demás!!!

Pero que no me quejo, que conste en acta, así al menos mi cuenta corriente no sufrirá de malnutrición tras mi paso por esas tierras lejanas y frías con aquellos que calentarán mi ánimo (por cierto, no me olvido, dos botellas de ron como salvoconducto)

I can summarize in English very well. I´m able to sum all these words up just with one sentence: Basically I´m on a diet of days off.

martes, 14 de septiembre de 2010

Troy Bar en Old Street.

El Troy Bar es un garito por el que he pasado varias veces en toda mi etapa londinense. Es un bar que descubrí de rebote ya que en las islas a muchos les da por cerrar a antes de las dos o incluso de la una. El Troy está siempre hasta las tres. Venden latas de cerveza, yo siempre suelo tomar RedStripe y solo disponen de un tirador, normalmente "Cobra". Pero lo mejor es que siempre puedes encontrar música en directo:


Troy from calvanki on Vimeo.



Como en muchos otros lugares, has de pagar un pokito para entrar, pero lo mejor del Troy es que está permitido "regatear" y siempre puedes ahorrar unas pelillas. La última vez ibamos cinco, la entrada costaba tres, pero el gorila de la puerta nos lo dejó a seis libras por el grupo entero... osea que ahorramos lo suficiente para pillarnos tres RedStripe.

En definitiva, un sitio guapo vaya.

I had talked about Troy Bar, one of my favourites places in London. You can find live music and it is no too much expensive. It is definitely cool.

jueves, 2 de septiembre de 2010

London: city of vouchers.

Londres es la ciudad de los vales descuento y promociones. Que si cena para dos a precio de una, que si compras un ticket de tren te regalan un tanto porciento de descuento para la noria-cara-de-los-cojones, conocida como el Londoneye, que si metes un código de la caja de 50 teabajs de Twins Earl´s Grey te puede tocar desde un descuento para un musical o un par de vales para pillar un barco con travesía por el támesis. Hay páginas especializadas como Voucher Codes para aquellos que se quieran ahorrar unas pelas invitando a la amante al cine, al perro a la peluquería o se quiera pintar las uñas de rosa fuxia.

Y no es clasista.

En mi restaurante he visto como parejas con bolsos prada ella y trajes armani él (además de un peluko que debía pesar como siete quilos) te sacan el voucher de 40 libras descuento sin el menos atisbo de embarazo, dejándote una cuenta de tres libras y largándose sin dejar propinas. Es un dato curioso, al menso en mi restaurante, cuando un cliente utiliza un voucher raramente deja propina; supongo que se lo toman como el día "a ver cuanto soy capaz de ahorrar".

A mi esto de los voucher, como no, me parece una idea cojonuda. Yo se de algu-nos que se han tirado año y medio bebiendo tap waters y comiendo dos pizzas a precio de una, cual pareja de enamorados que está ahorrando para el pisito. Vamos, que en general es una buena idea, menos cuando el pijo pelo revuelto del peluko de siete kilos no deja su correspondiente 10% de propina, entonces a mi me dan ganas de coger al pelo revuelto ese y meterle el voucher de cartón por el culo.

Y luego, hay otras veces donde los vouchers son de tan estúpidos incluso divertidos.

Atentos a este.



Es decir, si compro Kung Fu Panda, sólo si compro Kung Fu Panda y no cualquier otra película, y entrego este ticket (es decir, que si compro Kung Fu Panda pero no doy el voucher nada de nada) me dan 50 puntos extras. Luego puedes canjear los puntos. 2500 puntos hacen falta para que te den una tostadora de un valor en el mercado de unas 20 libras. Tendría que comprar 50 veces la película del Kung Fu Panda para tener la tostadora de 20 libras. También esto nos lleva a pensar que a algún directivo de la cadena de supermercado se le ocurrió la brillante idea de adquirir un stock de Kung Fu Panda de la hostia, y ahora no saben como coño venderlos. No sé, es ridículo, en suma. No obstante, lo que sería negocio sería colgar una página de intercambio de vouchers, tipo: "te cambio los 50 puntos por comprar Kung Fu Panda por los 35 puntos por llevarte el triciclo con ruedas amarillas".


London is a city where everything you want to buy, you can get a voucher to save some money buying it or get some points to future shopping discount. London is a very expensive city, but you can save money if you have a laptop and a printer. or if you are able to keep that stupid receipt, as you can see in the pic, and then use them.