viernes, 26 de diciembre de 2008

Yo y los aviones, guasa asegurada.




Lo mio con los aviones.

Bien la cosa está de vudú más o menos, de maldición de santera de Magadascar con pócima de pelos púbicos de cangrejo.

Cuando decidí ir a Londres decidí también automáticamente darme un garbeo por Valladolid para ver a la familia. Y es que yo soy de… Valladolid (aunque un trocito de mi corazón pertenece a Vladivostock y una gran parte a Alcalá of course)

Totá, que con cinco días en Londres y por la cuestión ahorrativa pillé los vuelos con tiempo. No cometí la estupidez de volar el día 25 (estupidez que encajaría conmigo a la perfección por otra parte), pero sí la de volar el 26.

Resulta que en Albión además de ser San Esteban, santo que por akí debe caer mu bien, es el Boxing Day. El día en el que tradicionalmente el servicio británico tenía su día libre en navidades. Los días importantes, como no, estaban reservados para atender y mimar a los señoritos. Es el día en que descansa Anthony Hopkins para que nos entendamos, el día que descansaba mientras interpretaba a ese estirado mayordomo en ese pestiñón de película que es “Lo que queda del día”. Es también el día en el que se hacían regalos entre ellos, emulando a los de sus “señores” metiéndolos en grandes cajas (es por eso lo de Boxing Day). Como el tiempo no pasa en balde y vivimos en la sociedad del consumo, pues el día de las cajitas se ha convertido en el día en el que un montón de marías y verduleras al estilo londinenses se agolpan en las puertas de Harrods, bolso en mano, para liarse a tortazos por un tanga Dolce y Gabbana a mitad de precio. Osea, es el día en que se inauguran las rebajas. Dicen que es el día en que más lícitos sopapos se reparten en Londres (sopapos, guantazos, pisotones, bolsazos, tirones de pelos y demás contundentes argumentos para pillar antes el dichoso tanga con el que poner salvaje a su compañero/pareja/marido/amante/novio/etc). Los hombres somos más civilizados y constantes: nos escupimos, golpeamos, insultamos cada domingo en el fútbol.

Nuestro compi David se lo perdió y mira que tenía ganas de ver ese espectáculo. Nada David, para el año que viene. La decadencia humana es cíclica, es lo que tiene.

El Boxing day también es el día en que todos los transportes públicos comienzan a funcionar a las ocho de la mañana. Para que nos entendamos, Londres es una ciudad muerta desde el 24 de Diciembre a las 23:59 hasta el 26 a las 8:00 en cuanto a transporte público se refiere. Creo que aquí no ha llegado ese invento tan afortunado que es el denominado “servicios mínimos”. Al vivir en una isla hay cosas que se quedan por el camino… lo de los servicios mínimos lo íbamos a implantar nosotros con la Armada Invencible, pera ya sabemos lo que pasó. Era el día del Boxing Day y nada, nos hundieron a sopapos, guantazos, pisotones, bolsazos y etc.

Eso no lo podía prever yo, me refiero a la supresión de todo transporte público (lo del 26 al menos)

Resulta que calculando el time ya barruntaba yo que teniendo que embarcar a las 8:50 no me iba a dar tiempo a llegar a Gatwick cogiendo el metro (presuponiéndole claro un horario normal, es decir, empezando around 6:30-7:00) así ya en Nochebuena tomé la decisión de ir en buses.

Más o menos sabía el itinerario.

1.-Lothair/Bus65(15 minutos)
2.-Ealing Broadway/Bus207(55 minutos)
3.-Oxford Circus/Bus247(25 minutos)
4.-Victoria Station/Gatwick Express(45 minutos)
5.-Meta: Gatwick Airport. (2:20 minutos aproximadamente)

Y pensé… bah… saliendo a las cinco y media me da tiempo de sobra. Si, correcto, voy en bus; me dije.

Es decir, que más o menos, me sabía el itinerario al dedillo… pero como justo el 24 nos arreglaron internet me dije también…jo Álvaro, no te cuesta nada asegurarte. Y me aseguré. Y menos mal, porque si no ya me veo a las cinco y media la mañana en una parada de autobús esperando un bus que nunca llegaría o que lo haría a partir de las ocho, muerto frío y cagándome en la leche de la de Magadascar y en el bello púbico de todos los puñeteros cangrejos del mundo mundial. Y yo quiero ir a visitar a Wendy en los Apalaches pa que me sirva un café… voy aviado (Para entender quién es Wendy hace falta torturarse leyendo la entrada “Matthias Dammann…”, soy así de joío, qué le vamos a hacer)

En definitiva, os aseguro que me he ahorrado uno de los episodios más estresantes de mi vida.

Pero ahora había que solucionar el entuerto.

¿Cómo llegar a tiempo a mi avión?

Tenía dos opciones: retrasar vuelo o taxi.

Saque las chequelibras y elegí taxis (previa consulta familiar) debido a las últimas y pésimas no, pesisísimas, experiencias con internet+vuelos.

Ahí, como no puede ser de otro modo, no acabó la odisea.

Ya puesto a asegurarse, antes me cercioré de que los trenes hacia Gatwick desde la estación de Victoria funcionaran el maldito 26. Y sí, obtuve confirmación a través web de “National Express” (que es como la iberia de akí pero de buses y trenes).

Problema resuelto.

Pues no.

Cuando llegue a Victoria en mi MiniCab (el taxi del extrarradio, que no es mini por pequeño, sino por categoría, es decir, no llega a ser un Cab. Por ejemplo mi minicab era un Passat, y nunca un passat fue mini) había allí conjugada una veintena de personas. La estación cerrada. Si mi tren salía a las cinco y media y eran las cinco y veinticinco y aquello tenía las verjas echadas, pues ya me diréis, pintaba mal.

Resulta que hasta las putas malditas ochos no hay trenes tampoco, pero al menos ponen unos autobuses de cuando imperaban por áfrica, pa llevarte al aeropuerto. Por qué la web me mintió… pregúntenle a la de Magadascar.

Pero ahora encuéntralos. Allí había un par de Senegaleses, dos coreanos, una familia de Españoles, una familia de algún país del este y yo. Pues no teníamos cojones con dar con la parada. Porque es que Victoria y esa zona, señores, es como un enjambre de paradas. Y la gente, poca, que curra en este día no está muy por la labor de ayudarte. Al final en la Coach Station dimos con un negro de buen corazón, alguien me dijo que debía ser un pelín más políticamente correcto, así que rectifico un angloafricano negro de buen corazón que fue quién más o menos le indicó a la coreana dónde poder pillar el bus.

Uffff.

Encontramos el bus y un chofer muy simpático nos montó para dejarnos… ¿en Gatwick?

Incorrecto.

Nos movió unos veinte metros hasta el bus correcto. No lo entendimos, era mayor y hablaba rápido y como un hombre mayor pero en inglés… pero más o menos nos vino a decir (a toro pasado): montarse que yo voy para allá. Entrañable. Con nariz colorada y todo.

Llegado al aeropuerto y tras facturar y desayunar y respirar aliviado y sólo rezar para no dormirme y perder el vuelo: zas, se retrasa una hora y media….jajajajaj. Con lo que podría haber llegado perfectamente en metro+tren y ahorrarme tiempo y dinero.

Con la eternidad por delante entonces me dije, me da tiempo a ir a fumar un cigarro. En la calle me lo encendí y tras dos caladas un operario angloafricano, negro también, muy amable me indicó que aunque calle, era zona de no fumadores y que por lo tanto tenía que caminar unos quinientos metros hasta un habitáculo en medio de la CALLE para poder fumar. Yo le dije, I´m sorry y me dirigí también muy educadamente hacia el habitáculo que yo detectaba muy minúsculo en la lejanía, fumando claro y a paso de tortuga… y casi sólo recorrido un tercio del camino, tiré la colilla disimuladamente y me di la vuelta. El inevitable pellizco de travesura navideña (además de un pelín de revanchismo por lo de la armada)

Escribo desde el avión y me he acordado de Silvia. Si, Silvia de ti. Akí al lado viene una mejicana, creo, que se ha echado azmizcle (o cómo se escriba) y se acaba de quedar sopa. Como ronque me parto el culo.

Para todos los demás… no me he acordado de Silvia porque se quede dormida en los aviones, o ronque, que conste, sino por lo del azmizcle. Que es no sé qué de unas agmígdalas de ciervo o algo así que huele de maravilla.

No… parece que no ronca.

Lástima.

Unas risas menos para la colección.

Pd: Me levanté a las 5:00 y llegué a casa de mi abuela a eso de las 17:30horas. Más de doce horacas. Pucela me recibió nevando. Me esperaba un bizcocho casero, un bocata de lomo, mi Cocacola y sus mimos.

Gloria.

5 comentarios:

M. Bernal dijo...

Hey Bávaro, bienvenido! Veo que sigues descubriendo las enojosas adversidades del viajero...Y veo que las acoges con filosofía. ¿Cómo habría de ser sino? jajaj.

Lo del almizcle sabía que era un perfume, de fuerte olor y esencia animal, pero no sabía que venía de las amígdalas del ciervo.. Thank both you!

Por cierto, no sé si es porque allí nació Yul Brynner o por antojo que un trocito de tu corazón pertenece a Vladivostok. Pero debes saber que esa es la ciudad poblada más fría del planeta, donde la temperatura puede bajar de los -50 grados C. Así que espero, por tu bienestar térmico, que ese trocito de "ton coeur" sea un pedacito enano. ijiji.

Disfruta de tu abuela!

Calvanki dijo...

Veo Coco que estás mu cerquita de saber por qué mi amor por ésta ciudad...jajajaja.

Nos vemos muy pronto.

Tengo ganas.

Anónimo dijo...

Almizcle, perfume obtenido a partir de una sustancia segregada por una glándula de ciervo almizclero...bueno, bonito y barato, no quiero pensar a cuantos ciervos se cargaran para sacar un poquito de almizcle pero el olor es genial...aunque si bien dicen que a tu paso vas dejando tumbao a todo machote debido a las feromonas que el almizcle desprende...debe tumbar a los ciervos machotes (ciervo animal se entiende) por que a mi no me funciona...

Bueno, unas cervecitas estos días ¿no?

Silvia

Calvanki dijo...

of course.

Calvanki dijo...

of course.